Unamuno y Zambrano, raíces filosóficas comunes.
María Zambrano (1904-1991), pertenece a la primera generación del siglo XX. Una generación marcada por el exilio y por la quiebra que supuso la Guerra Civil.
Miguel de Unamuno, (1864-1936), vivió su fe en la familia, con su madre, con sus tías… En su juventud, estuvo muy cerca del «positivismo» pero tras pasar por una crisis espiritual y existencial, en 1897, se va acercando a la metafísica en sus tres vertientes: el sentido del universo, el destino del ser humano y la incógnita de dios. Comienza en estos años Unamuno a hablar de la «intuición cordial». Si la razón no posibilita llegar a comprender estos temas existe la fe que es más que la razón. Está ahora mas cercano al «corazón».
María Zambrano estudia en la Universidad Central de Madrid, es, por tanto, discípula de Ortega (maestro indiscutible) pero, además, pertenece a la «Escuela de Madrid» donde están Besteiro, Zubiri, García Morente… Ella se siente discípula de Ortega pero se siente muy cerca del «institucionismo» sobre todo de don Manuel Bartolomé Cossío donde ella, con otros autores jóvenes, que formarán la «generación del 27», acuden a las misiones pedagógicas y demás. Pero también se siente discípula de sus padres: Blas Zambrano y Araceli Alarcón.
Ella misma dice: «Leí muy temprano los ensayos de 1900 de Miguel de Unamuno»: (Adentro, La ideocracia y La fe).
Los maestros indiscutibles de María Zambrano son Unamuno y Machado. Recordemos una cita sobre Unamuno : «Y así no es nada extraño que años después, lejana de aquella vida (ya está en el exilio), en el dintel de una nueva que comenzaba par mí sintiera que aquel su pensamiento se me transformaba en sustancia ética lo cual es una de las manifestaciones del verdadero pensamiento».