Hace 80 años

unamuno-claustrouniversidad«Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso —por llamarlo de algún modo— del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil.

Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis…»

“Vencer, no es convencer. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.”
Miguel de Unamuno

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El último Unamuno ante las dos Españas

El último Unamuno se debatió entre “hunos“ y “hotros” – sangre y pus, rojo y blanco – poniendo de manifiesto una alterutralidad no mantenida en la Gran Guerra con su apuesta por los aliadófilos, tratando de situarse en el centro para unir los extremos. Esfuerzo inútil que le llevó a repensar toda su propia obra, a sufrir por sus hijos repartidos en diferentes en diferentes zonas de incivil guerra, tan diferente a la guerra civil – de civilidad, debate y confrontación de ideas – defendida por él, hasta que abandonó su vida en el pecho del Padre Eterno donde descansa desde hace ochenta y un años.

  • Por: Eduardo Pascual Mezquita. Catedrático de Filosofía.
  • Presentación: Francisco Blanco Prieto. Vicepresidente de la Asociación.Asociación.

Taller de lectura: Por tierras de España y Portugal

Tuvo lugar en la Casa de Las Conchas, el taller de lectura unamuniana dedicado al libro: ”Por tierras de Portugal y España”, moderado por Luis Andrés Marcos.
Nos centramos en los capítulos dedicados a Portugal.
Unamuno pone el foco en la literatura portuguesa del S. XIX y considera que es el siglo de oro de la literatura en portugués.
Sus amigos, el conocimiento de la tierra y su literatura es lo que hace que Unamuno reivindique Portugal.
Unamuno se fija en sus territorios, en el carácter de los portugueses, con su tristeza y su melancolía. A Portugal se le debía una mirada sana como hace Unamuno.
Él tenía en el país luso, muchos amigos como Guerra Junqueiro y Texeira de Pascoais. También D. Miguel era admirado allí, por ejemplo el pseudónimo Miguel Torga, se debe a dos migueles ilustres, Miguel de Unamuno y Miguel de Cervantes.
La generación del 70 en Portugal es como la del 98 en España, hablan del paisaje, que es el paisaje del alma, esto se ve en “Campos de Castilla” de Machado.
Calificativos humanos que se le pone al paisaje, como que “Portugal es triste”, no, Portugal no es triste, triste es la expresión del poeta.
Unamuno se pregunta:¿ qué tendrá Portugal que cuanto más voy a él, más deseo volver?
Unamuno va a Portugal a descubrir el alma del país, muchos portugueses mueren en el mar, de ahí la saudade, tan característica de este pueblo. El mar es sepulcro y cuna.
Portugal trasmite un espíritu melancólico. Se está descubriendo el Romanticismo con Castelo Branco (Camino de perdición). Hay figuras femeninas, como la de Constanza, que no se da en otras literaturas. Su entrega amorosa es de compasión, y se llega al a conclusión de que el alma portuguesa y el alma castellana se parecen mucho.
Unamuno entiende la literatura desde lo que ellos han dejado escrito. La literatura expresa lo que somos, es expresión de la vida íntima. Se pervive en las obras, D. Quijote descubrió a Cervantes. La obra del hombre tiene más valor que el hombre mismo.
La literatura es la memoria del pueblo, porque ahí está expresada el alma portuguesa. En las obras de arte queda expresada el alma del pueblo. El alma es lo que sentimos. El arte no representa, el arte expresa.
Se pone de manifiesto también en las apreciaciones de los lectores que el sentido religioso de los portugueses es muy diferente al español. Ellos tienen muchos muertos no recuperados en el Océano, también se pone de manifiesto que es un pueblo suicida, se suicidan por amor a una vida mejor.
Hay nobleza moral en Portugal.
A Portugal se le debe una mirada sana como ha hecho Unamuno, y toma conciencia de sí misma con D. Miguel.
Hay pueblos como Espinho, donde aún hoy se le recuerda con agrado. Precisamente la muerte de su madre en 1908, sorprende a D. Miguel en este pueblo portugués.
Francisco Blanco concretó las fechas en que fueron escritos estos artículos, entre 1907-1908.
De 1914 hasta 1935, Unamuno no vuelva a Portugal, trascurridos veintiún años. Por lo que las estancias o viajes de D. Miguel a este nuestro país vecino, no fueron tantas como parecen.
De los 6000 volúmenes que hay en la Casa Museo Unamuno, 96 son libros portugueses.
En 1935 vuelve a Portugal invitado por el gobierno de Salazar a un acto político propagandístico. Acto en el que Unamuno no saluda a Salazar. Del 2 al 10 de junio Unamuno va a Estoril requerido por el periodista Wenceslao Fernández Flores, para hacerle una entrevista, elige entonces D. Miguel hacerla en Estoril porque es allí donde está exiliado el general Sanjurjo.

Se concluyó el taller con la idea de que hay en D. Miguel cariño por la tierra y compromiso con su literatura.

Una vez más resultó un taller muy interesante y enriquecedor.

Jornadas audiovisuales unamunianas 2017

El día 4 de Mayo, dentro de las “Jornadas Audiovisuales Unamunianas”  pudimos disfrutar de la actividad que se denominó:”Recordando a Unamuno”.Fue presentada por Maite Conesa, Directora de la Filmoteca. “Recordando a Unamuno” hizo un recorrido por diferentes...

Ruta unamuniana salmantina

La Salamanca que conoció D. Miguel, al llegar en 1890, era una ciudad pequeña con apenas 25.690 habitantes.La llegada de Unamuno a Salamanca, fue fruto del azar, al ganar la Cátedra de Griego que le permite ejercer en su Universidad.Cuando D. Miguel llegó a Salamanca,...

Taller de lectura: San Manuel Bueno Mártir

El día 26 de Abril tuvo lugar en la Casa de Las Conchas, el cuarto taller de lectura sobre la obra de Unamuno.En esta ocasión moderó el taller la filósofa Sagrario Rollán.Las notas que a continuación paso a mostraros, son fruto de los comentarios expresados por...

Artículos / Colaboraciones

80 años sin Unamuno


FARO DE VIGO

      Publicado: Sábado, 31 de diciembre de 2016                       

Julio Picatoste, Magistrado de la Audiencia Provincial de Vigo

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En la Nochevieja de 1906, a sus cuarenta y dos años de edad, prefiguraba Unamuno su propia muerte en versos escritos en la soledad nocturna de su estudio; daba así expresión a un “presentimiento misterioso del allende sombrío”. No imaginaba entonces que treinta años después, día por día, el 31 de diciembre de 1936, en la soledad que anubló los últimos días de su vida, oiría por última vez el latido de su pecho agitado. Aquel día de frío y nieve, por entre las paredes de su casa de la calle Bordadores, rondaba cautelosa la muerte, y a las cuatro de la tarde, de forma inesperada y sigilosamente, le sumió en el sueño final. Sentado en su mesa camilla, conversaba con Bartolomé Aragón sobre la situación de una España abismada y desangrada por la guerra civil; ante la visión pesimista de aquel, Unamuno le replica: «¡Dios no puede volverle la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!», y seguidamente inclinó su cabeza, hundiendo la barbilla en el pecho. El visitante no se percata de que Unamuno acaba de morir hasta que percibe el olor a quemado de la zapatilla de don Miguel en el brasero. Moría pronunciando dos palabras – Dios, España- sobre las que tanto escribió y que tantas veces le desgarraron por dentro.

Eran días de horror en España, y Salamanca, tomada por los militares, era escenario de una represión brutal. En los primeros momentos, Unamuno, a pesar de su declarado antimilitarismo, apoyó el levantamiento militar. Creyó erradamente que se trataba de enderezar la República. Quizá contribuyó a esta idea el hecho de que el bando del comandante militar de la plaza, Manuel García Álvarez, terminase con un “¡Viva la República!”, que los primeros discursos de Franco y Queipo de Llano invocasen valores como libertad, igualdad y fraternidad, y que la bandera tricolor siguiera ondeando varios días en el ayuntamiento de la ciudad. Pero pronto se le hará patente su tremendo error al comprobar que aquello no era sino la barbarie cainita. No tardará en ver como sus amigos Casto Prieto, alcalde de Salamanca, y el diputado socialista José Manso son asesinados por falangistas venidos de Valladolid; el pastor protestante Atilano Coco es encarcelado y lo mismo ocurre con su muy querido amigo Filiberto Villalobos. Viene luego el asesinato de García Lorca. Aquello ni era rectificación de la República ni nada tenía que ver con la defensa de la civilización occidental cristiana que él predicaba. Aquello era el salvajismo de una guerra incivil. Reconocerá entonces su dramática equivocación: “Qué cándido y qué ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco…”

Sobrecogido por el espanto de aquella “guerra sin cuartel, sin piedad, sin humanidad y sin justicia…”, aquella guerra de España contra sí misma, aquel “suicidio colectivo”, volcaba su horror e indignación en su correspondencia privada; faltaba la chispa que le hiciese saltar y revolverse públicamente contra la “salvaje guerra incivil”. La rabia y el dolor contenidos estallarán al fin el 12 de octubre en el conocido enfrentamiento con Millán Astray ocurrido durante el acto dedicado al Día de la Raza en el paraninfo de la Universidad salmantina. Espoleado por las cosas que allí se oyeron y ejerciendo de sumo sacerdote en el templo de la inteligencia, alzó su voz por encima de fusiles y uniformes para decir que “vencer no es convencer” y que “no puede convencer el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora”; condenó la barbarie, la guerra incivil, el odio que no deja lugar para la compasión. Dijo lo que en aquellos días nadie se hubiera atrevido a decir ante los militares y falangistas que llenaban el paraninfo. Entre el desconcierto general, el acto termina entre gritos exaltados de Millán Astray y el vocerío, brazo en alto, de algunos falangistas.

Sobre este episodio, escribirá Unamuno al escultor vasco Quintín de Torre: “¡Hubiera usted oído aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histrión que es Millán Astray”. Aquel acto de arrojo y valentía, además de la pérdida de cargos y honores, le cuesta el confinamiento en su propio hogar.

En sus días de encierro, desahoga su crispación y desesperanza escribiendo unas notas a modo de diario, tal vez bosquejo de un libro proyectado, a las que dio el título de “El resentimiento trágico de la vida.” Es el último y gran monodiálogo agónico y dramático de un hombre fiel a sí mismo, solo, enfrentado a todos, agitado por aquella “salvaje pesadilla”.

Y nada bueno augura para los tiempos de postguerra que él ya no verá: “Cuando se acabe esta salvaje guerra incivil, vendrá aquí el régimen de la estupidización general colectiva y del más frenético terror” (carta a a Lorenzo Giusso, 21-11-1936). Lamentablemente, el tiempo le dio la razón.

Tres días antes de morir, escribe su último poema que cierra el ciclo de su meditatio mortis:

Morir soñando, sí, más si se sueña

morir, la muerte es sueño; una ventana

hacia el vacío; no soñar; nirvana

del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Tras la muerte de Unamuno y desaparecida para siempre su voz, Ortega y Gasset escribe: “Temo que padezca nuestro país una era de atroz silencio”. Acertó en su vaticinio. Ni durante “a longa noite de pedra” ni después ha habido en España una voz como la de Miguel de Unamuno, limpia y combativa, apasionada y valiente, respetada dentro y fuera de nuestras fronteras, insobornablemente comprometida con la verdad. Esa voz atronaría hoy ante el insoportable espectáculo de corrupción y desvergüenza, estrago inmundo que asola el país con hediondos niveles de bellaquería y putrefacción; y él, que hizo de la verdad enseña, abominaría de todo discurso impostor que empañase la verdad; él, que dijo que “la inteligencia es lo más revolucionario que hay”, clamaría hoy contra tanta mediocridad sobre peana y tanta ineptitud laureada; y, en fin, rabiosamente independiente, arremetería contra quienes por un plato de lentejuelas hipotecan su independencia y pagan el peaje de la sumisión.

Pero, pese al “atroz silencio” que siguió a su muerte, queda su inmensa obra y su vastísimo epistolario, prolongación de su espíritu deliberadamente desparramado, capaces todavía de agitar y remover espíritus, como él quiso.

Noticias

Recuerdo a Agustín Casillas

homenajeAgustín Casillas, “el poeta de la arcilla” como lo ha definido nuestro presidente Francisco Blanco, falleció en Salamanca el día 9 de noviembre, dejando huérfanas un ramillete de esculturas que embellecen la ciudad y rubrican su recuerdo.

Agustín Casillas, además de poner su sello artístico en esculturas como: El Lazarillo, La Celestina, Torres Villarroel, Náyade, el Niño del avión, la de El Infante D. Juan, etc, es el autor de dos bustos de D. Miguel de Unamuno, estos sí resguardados del frio y de la intemperie y quizá por este motivo, menos conocidas.
Uno de los bustos lo encontramos en El Casino de Salamanca, para recordar al Unamuno contertulio habitual de esa institución y la otra en el aula Miguel de Unamuno sita en el Edificio de las Escuelas Mayores de la Universidad.
Este busto tiene la peculiaridad de ser el único que representa a D. Miguel con sus gafas de miope.

Unamuno. Escultura de Agustín Casillas

Aqui tuvo la tertulia M

Desde la web de la Asociación de Amigos de Unamuno, queremos honrar la memoria de este escultor admirado y querido por todos que nos ha legado estos dos bustos de Unamuno y que apoyó a nuestra asociación desde el comienzo diseñando para nosotros la Placa con que obsequiamos a nuestros socios de honor.

Siempre en nuestro recuerdo. Gracias por tu legado.

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Catálogo de caricaturas de Unamuno

Libro digital

Homenaje a Miguel de Unamuno reflejado en la obra del poeta Alfredo Pérez Alencart y del pintor Miguel Elías, ambos profesores del Estudio salmantino.

Ver en CrearSalamanca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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