Asamblea general de socios

Viernes 31 de marzo de 2017 a las 19:00, Biblioteca Torrente Ballester

Hace 80 años

unamuno-claustrouniversidad«Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso —por llamarlo de algún modo— del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil.

Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española, que no sabéis…»

“Vencer, no es convencer. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.”
Miguel de Unamuno

Actividades programadas

Mar
31
Vie
2017
19:00 Asamblea general de socios
Asamblea general de socios
Mar 31 a las 19:00 – 20:15
Asamblea general de socios @ Salamanca | España
 Lugar: Biblioteca Torrente BallesterConferencia:  Asamblea General de Socios 
Abr
6
Jue
2017
20:00 Miguel de Unamuno en el destierro
Miguel de Unamuno en el destierro
Abr 6 a las 20:00 – 21:00
Miguel de Unamuno en el destierro @ Salamanca | Castilla y León | España
 Lugar: Sala de la Palabra Conferencia:  Unamuno en el destierro. Elenaa Día Santana. Vocal de Comunicación.Presenta: Luis Gutiérrez Barrio. Secretario de la Asociación.

Últimas actividades 

Conferencia: Unamuno y la mujer

El martes 7 de marzo, pudimos escuchar la conferencia: Unamuno y las mujeres, ”Cartas de mujeres a Unamuno”, después pudimos visualizar el vídeo: ”Nada menos que toda una mujer”.
La actividad se desarrolló en el marco incomparable del salón rectoral de la Casa Museo Unamuno.
Manuel Redero San Román nos presentó a su colega, la catedrática de Historia Contemporánea Josefina Cuesta, quien abordó el tema de Unamuno y la mujer a través de las cartas que éstas le enviaron al escritor y que se conservan en la Casa Museo. De entre las 7550 cartas que se conservan, 575 corresponden a mujeres. En el estudio realizado por Josefina para esta conferencia, excluye las cartas pertenecientes a los familiares de Unamuno, por ser las mismas, más conocidas por el público en general.

Según Cuesta, estas cartas son escritas para un receptor, Miguel de Unamuno, sin embargo las emisoras de las cartas son personas de diferente perfil y condición y variados los motivos que las llevan a escribir a Unamuno. El estudio revelan que van desde el interés por tener un autógrafo de D. Miguel, a cartas solidarias en las que se pide que interceda por alguien, otras en las que se solidarizan con su persona, por ejemplo cuando fue desterrado a Fuerteventura o cuando lo destituyen de rector. Las hay de alegría como las recibidas cuando vuelve de su exilio o de pésame por la muerte de su hija y de su mujer, también de súplica en las que le piden favores para una matrícula o una invitación para poder ir al Ateneo de Madrid a escucharlo en una conferencia que iba a impartir, o como la carta de la viuda del pastor protestante Atilano Coco que le escribe para que intercediera por su marido encarcelado. Otras son de agradecimiento por diferentes motivos.
En las cartas las mujeres suelen mostrar admiración, respeto, amistad propia o heredada.
Como curiosidad señaló Josefina Cuesta las cartas de lectoras que corrigen al propio maestro, es el caso de la que le pide que cambie el título de su novela La Tía Tula o de otra que le pide que cambie el final de la novela Amor y pedagogía y le explica las razones que le mueven a pedir ese cambio.
Muchas mujeres querían que Unamuno fuera la voz de las sin voz en temas relacionados con el divorcio o el aborto y que escribiera sobre ese tema en La Nación de Buenos Aires, artículos relacionados con los mismos.
Expresan en definitiva una necesidad de interlocución. La correspondencia se convierte en receptáculo del relato de lo íntimo.

Desde la Asociación de Amigos de Unamuno damos a Josefina Cuesta las gracias por esta interesantísima conferencia y a las realizadoras den vídeo de “Nada menos que toda una mujer” por acercarnos al Unamuno más entrañable y por resaltar la importancia que D. Miguel siempre dio a la mujer, para quien eran sus iguales. También por mostrarnos a las que fueron faro en la vida del escritor: su madre, su mujer Concha, sus hijas, sin las cuales D. Miguel no habría sido como fue.

Taller de Lectura: La Esfinge

Estuvo coordinado por Francisco Blanco Prieto, quien eligió esta obra de teatro por ser la primera escrita por D. Miguel y también por ser de las más autobiográficas del escritor vasco. Esta obra fue escrita en 1898 y se estrenó en 1909 en el teatro Pérez Galdós de...

Unamuno, personaje de ficción en la novelística europea

El unamuniano, catedrático y decano de la Facultad de Filología, nos descubrió a Miguel de Unamuno como personaje de tres novelas -dos italianas y una alemana, por traducir- acompañando al propio Vicente González en aventuras de un "Viaje a Salamanca" y una...

Artículos / Colaboraciones

80 años sin Unamuno


FARO DE VIGO

      Publicado: Sábado, 31 de diciembre de 2016                       

Julio Picatoste, Magistrado de la Audiencia Provincial de Vigo

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En la Nochevieja de 1906, a sus cuarenta y dos años de edad, prefiguraba Unamuno su propia muerte en versos escritos en la soledad nocturna de su estudio; daba así expresión a un “presentimiento misterioso del allende sombrío”. No imaginaba entonces que treinta años después, día por día, el 31 de diciembre de 1936, en la soledad que anubló los últimos días de su vida, oiría por última vez el latido de su pecho agitado. Aquel día de frío y nieve, por entre las paredes de su casa de la calle Bordadores, rondaba cautelosa la muerte, y a las cuatro de la tarde, de forma inesperada y sigilosamente, le sumió en el sueño final. Sentado en su mesa camilla, conversaba con Bartolomé Aragón sobre la situación de una España abismada y desangrada por la guerra civil; ante la visión pesimista de aquel, Unamuno le replica: «¡Dios no puede volverle la espalda a España! ¡España se salvará porque tiene que salvarse!», y seguidamente inclinó su cabeza, hundiendo la barbilla en el pecho. El visitante no se percata de que Unamuno acaba de morir hasta que percibe el olor a quemado de la zapatilla de don Miguel en el brasero. Moría pronunciando dos palabras – Dios, España- sobre las que tanto escribió y que tantas veces le desgarraron por dentro.

Eran días de horror en España, y Salamanca, tomada por los militares, era escenario de una represión brutal. En los primeros momentos, Unamuno, a pesar de su declarado antimilitarismo, apoyó el levantamiento militar. Creyó erradamente que se trataba de enderezar la República. Quizá contribuyó a esta idea el hecho de que el bando del comandante militar de la plaza, Manuel García Álvarez, terminase con un “¡Viva la República!”, que los primeros discursos de Franco y Queipo de Llano invocasen valores como libertad, igualdad y fraternidad, y que la bandera tricolor siguiera ondeando varios días en el ayuntamiento de la ciudad. Pero pronto se le hará patente su tremendo error al comprobar que aquello no era sino la barbarie cainita. No tardará en ver como sus amigos Casto Prieto, alcalde de Salamanca, y el diputado socialista José Manso son asesinados por falangistas venidos de Valladolid; el pastor protestante Atilano Coco es encarcelado y lo mismo ocurre con su muy querido amigo Filiberto Villalobos. Viene luego el asesinato de García Lorca. Aquello ni era rectificación de la República ni nada tenía que ver con la defensa de la civilización occidental cristiana que él predicaba. Aquello era el salvajismo de una guerra incivil. Reconocerá entonces su dramática equivocación: “Qué cándido y qué ligero anduve al adherirme al movimiento de Franco…”

Sobrecogido por el espanto de aquella “guerra sin cuartel, sin piedad, sin humanidad y sin justicia…”, aquella guerra de España contra sí misma, aquel “suicidio colectivo”, volcaba su horror e indignación en su correspondencia privada; faltaba la chispa que le hiciese saltar y revolverse públicamente contra la “salvaje guerra incivil”. La rabia y el dolor contenidos estallarán al fin el 12 de octubre en el conocido enfrentamiento con Millán Astray ocurrido durante el acto dedicado al Día de la Raza en el paraninfo de la Universidad salmantina. Espoleado por las cosas que allí se oyeron y ejerciendo de sumo sacerdote en el templo de la inteligencia, alzó su voz por encima de fusiles y uniformes para decir que “vencer no es convencer” y que “no puede convencer el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora”; condenó la barbarie, la guerra incivil, el odio que no deja lugar para la compasión. Dijo lo que en aquellos días nadie se hubiera atrevido a decir ante los militares y falangistas que llenaban el paraninfo. Entre el desconcierto general, el acto termina entre gritos exaltados de Millán Astray y el vocerío, brazo en alto, de algunos falangistas.

Sobre este episodio, escribirá Unamuno al escultor vasco Quintín de Torre: “¡Hubiera usted oído aullar a esos dementes de falangistas azuzados por ese grotesco y loco histrión que es Millán Astray”. Aquel acto de arrojo y valentía, además de la pérdida de cargos y honores, le cuesta el confinamiento en su propio hogar.

En sus días de encierro, desahoga su crispación y desesperanza escribiendo unas notas a modo de diario, tal vez bosquejo de un libro proyectado, a las que dio el título de “El resentimiento trágico de la vida.” Es el último y gran monodiálogo agónico y dramático de un hombre fiel a sí mismo, solo, enfrentado a todos, agitado por aquella “salvaje pesadilla”.

Y nada bueno augura para los tiempos de postguerra que él ya no verá: “Cuando se acabe esta salvaje guerra incivil, vendrá aquí el régimen de la estupidización general colectiva y del más frenético terror” (carta a a Lorenzo Giusso, 21-11-1936). Lamentablemente, el tiempo le dio la razón.

Tres días antes de morir, escribe su último poema que cierra el ciclo de su meditatio mortis:

Morir soñando, sí, más si se sueña

morir, la muerte es sueño; una ventana

hacia el vacío; no soñar; nirvana

del tiempo al fin la eternidad se adueña.

Tras la muerte de Unamuno y desaparecida para siempre su voz, Ortega y Gasset escribe: “Temo que padezca nuestro país una era de atroz silencio”. Acertó en su vaticinio. Ni durante “a longa noite de pedra” ni después ha habido en España una voz como la de Miguel de Unamuno, limpia y combativa, apasionada y valiente, respetada dentro y fuera de nuestras fronteras, insobornablemente comprometida con la verdad. Esa voz atronaría hoy ante el insoportable espectáculo de corrupción y desvergüenza, estrago inmundo que asola el país con hediondos niveles de bellaquería y putrefacción; y él, que hizo de la verdad enseña, abominaría de todo discurso impostor que empañase la verdad; él, que dijo que “la inteligencia es lo más revolucionario que hay”, clamaría hoy contra tanta mediocridad sobre peana y tanta ineptitud laureada; y, en fin, rabiosamente independiente, arremetería contra quienes por un plato de lentejuelas hipotecan su independencia y pagan el peaje de la sumisión.

Pero, pese al “atroz silencio” que siguió a su muerte, queda su inmensa obra y su vastísimo epistolario, prolongación de su espíritu deliberadamente desparramado, capaces todavía de agitar y remover espíritus, como él quiso.

Noticias

Recuerdo a Agustín Casillas

homenajeAgustín Casillas, “el poeta de la arcilla” como lo ha definido nuestro presidente Francisco Blanco, falleció en Salamanca el día 9 de noviembre, dejando huérfanas un ramillete de esculturas que embellecen la ciudad y rubrican su recuerdo.

Agustín Casillas, además de poner su sello artístico en esculturas como: El Lazarillo, La Celestina, Torres Villarroel, Náyade, el Niño del avión, la de El Infante D. Juan, etc, es el autor de dos bustos de D. Miguel de Unamuno, estos sí resguardados del frio y de la intemperie y quizá por este motivo, menos conocidas.
Uno de los bustos lo encontramos en El Casino de Salamanca, para recordar al Unamuno contertulio habitual de esa institución y la otra en el aula Miguel de Unamuno sita en el Edificio de las Escuelas Mayores de la Universidad.
Este busto tiene la peculiaridad de ser el único que representa a D. Miguel con sus gafas de miope.

Unamuno. Escultura de Agustín Casillas

Aqui tuvo la tertulia M

Desde la web de la Asociación de Amigos de Unamuno, queremos honrar la memoria de este escultor admirado y querido por todos que nos ha legado estos dos bustos de Unamuno y que apoyó a nuestra asociación desde el comienzo diseñando para nosotros la Placa con que obsequiamos a nuestros socios de honor.

Siempre en nuestro recuerdo. Gracias por tu legado.

Documental. Horas serenas del ocaso breve

 
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Catálogo de caricaturas de Unamuno

Libro digital

Homenaje a Miguel de Unamuno reflejado en la obra del poeta Alfredo Pérez Alencart y del pintor Miguel Elías, ambos profesores del Estudio salmantino.

Ver en CrearSalamanca

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Miguel de Unamuno, siempre con nosotros.

 

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