Tertulia unamuniana: El compromiso sindical de Unamuno

Os dejamos unas leves pinceladas de las opiniones vertidas por los contertulios sobre el tema.
Se resaltó la idea de que Unamuno es el prototipo de intelectual comprometido y que fue un político atípico.
Su interés por la política le viene de familia, por su tía abuela y por su padre que eran militantes del partido liberal.
En la vida de Unamuno impera la libertad de pensamiento. En un principio fue antimonárquico, después se inclina hacia un monarquismo suave con el joven Alfonso XIII, después se hace republicano hasta la médula como reflejan sus escritos hacia Alfonso XIII, MArtínez Anido y Primo de Rivera.
Unamuno dirá: Yo no soy republicano, nunca lo he sido pero pertenezco a la gran familia liberal.
El sentimiento republicano lo mantendrá hasta muerte, aunque hay un mito que dice que fue un gran traidor a la República.
Unamuno iba con los tiempos, donde había una causa que defender ahí estaba él.
Participó en huelgas obreras, Campañas agrarias, iba acompañado en sus viajes por catedráticos amigos, siendo firme defensor de la clase obrera, por ejemplo estuvo en contra de la carestía de los productos de primera necesidad.
Una de las conclusiones es que adquiere un firme compromiso con la sociedad que le tocó vivir.

Tertulia sobre la poesía de Miguel de Unamuno

Amena e interesante tertulia sobre  “La poesía de Unamuno” que tuvo lugar en la Biblioteca de la Casa de las Conchas. Fue moderada por Luis Gutiérrez, Secretario de Amigos de Unamuno.

Ver texto introductorio

El aniversario de boda de Unamuno y Concha es buen momento para hablar sobre la poesía de Unamuno, recordando que el 29 de junio de 1935, hablaba don Miguel en la revista Caras y Caretas sobre lo más profundo, estimado y meritorio de su obra literaria, comentando una anécdota ocasional, de capital importancia para estimar su poesía: “No hace mucho, – escribía Unamuno – uno que me aseguraba conocer mi obra toda, agregaba: “Lo que no sabía es que ha hecho usted también poesías”. Y yo a él: “No, señor, he hecho también todo lo demás”“.

A su discípulo-amigo Federico Onís le dijo por carta el 12 de diciembre de 1910: “Yo no he sido nunca más que un poeta; es decir, nada menos que un poeta”, cuando algunos se empeñaban en calificarlo de sabio, filósofo, pensador o político.

Afirmaciones del Unamuno que hablan elocuentemente de lo que para él representaba su obra lírica, hasta el punto de declarar que no hacía nada con más cariño y gusto que escribir poesía, lo más suyo, deseando ser recordado tras su muerte como poeta: “Al morir quisiera, ya que tengo alguna ambición, que dijesen de mí: ¡fue todo un poeta!”.

“Yo soy, ante todo y sobre todo, un espíritu ilógico e inconcreto. No busco ni pruebas ni precisión en nada. Y lo que hago con más gusto es la poesía”.

Con breves apuntes juveniles, es en los tardíos cuarenta años cuando Unamuno nos descubre que la poesía es sublime forma de sentir el pensamiento al tiempo que piensa el sentimiento, porque el poeta y el filósofo son hermanos gemelos que se complementan y funden en uno. Cada pensador oculta un poeta y cada poeta lo es por el pensador que lleva dentro. Y si el filósofo se ocupa de hacer trivial lo sublime, el poeta hace sublime lo trivial.

         Para Unamuno, la poesía no puede ser aprehendida por carecer de término, límite o frontera. No sabe de raza, religión, lengua o patria, pues, como hija de la sensación, la imaginación y el sentimiento, es universal patrimonio de todos. Oficio es de la poesía descubrirnos el mundo cotidiano que, día a día, olvidamos, y situarnos a todos frente a la muerte y la inmortalidad, grandes misterios. Es la poesía virtud,  amor, piedad, afecto, infortunio inmerecido…, y todo cuanto hay de sagrado en la tierra. Por ello, no encuentra Unamuno poesía, -esto es, acción y creación-, donde no hay pasión, donde no hay cuerpo y carne de dolor humano que sufre o se complace; donde no hay lágrimas de sangre o dicha. Por ello, alma, calor y vida sostienen los versos de un poeta.

         Tradicionalmente no se ha tenido en cuenta la creación poética de Unamuno, eclipsada por sus novelas, ensayos, obra filosófica y dramaturgia, llegando a ser considerada su obra lírica como una debilidad del filósofo agónico, atormentado por el gran misterio,  como una pose o exhibición pública de quien vivía alejado de una realidad cotidiana a la que nunca fue ajeno. Osadía y atrevimiento de quien se alojaba en una fría torre de marfil para evitar contaminaciones humanas. ¿Sensible un filósofo frío y cerebral? ¡Imposible!, afirmaban los escépticos y desconfiados. Pero nada más lejos de la realidad. No puede hablarse de frialdad intelectual y distanciamiento humano en persona que ama, sufre, disfruta y siente cada día con los demás, ante los demás, por los demás, y para los demás. En quien lucha agónicamente por encontrar una verdad que a todos ayude y consuele.  En quien muestra abiertamente su desnudez espiritual y derrama su vida en las páginas con sinceridad desconocida. En un padre que tuvo nueve hijos de la sangre y miles del espíritu. En un abuelo singular y amigo leal. No hay desafecto en quien graba con fuego eterno llamaradas poéticas pensadas y sentidas, por vivos sentimientos y pensamientos nobles.

         Creador de ideas y pensamiento, inició su andadura poética dejando a un lado el ritmo y la rima, llegando a opinar que la rima obligaba a decir cosas redundantes o retorcidas, tratándose de un bárbaro artificio medieval. Pero sus críticas pronto se silenciaron, llegando a ser uno de los mejores sonetistas en lengua castellana que ha dado la historia literaria, haciendo del soneto su gran respiradero de pasiones y una óptima sangría para evitar congestiones cerebrales. Así, el estorbo inicial de la rima, sometida sin reparo a la libertad métrica, lejos de modernismos y grilletes, dio paso a una obra lírica hermanadora de todas las formas, llegando a ser el gran sonetista que fue, hasta cerrar toda su obra literaria con un soneto el día 28 de diciembre de 1936.

         Armonizados en su pluma el verso libre y la rima, alumbra endecasílabos blancos y composiciones asonantadas entremezcladas con sólidas rimas consonantes, llegando al último de sus poemarios donde conviven todas las formas: versos libres y rimados; inmoderación y medida; sonetos y romancillos; metros largos y cortos; argumentos ideales y domésticos; queriendo mostrar el resumen de una vida en su póstumo diario poético.

         No siega don Miguel ni un solo verso de su obra, ni expurga el más torpe verso que sale de su pluma. No recorta estrofas ni selecciona contenidos, ni elimina de su obra poesía alguna. La vierte toda sin mutilaciones. Íntegra, según del corazón le brota. En su obra literaria está todo lo escrito por él. Lo bueno, lo malo y lo regular. A todo hijo que nace de su alma le da cabida en las páginas de sus libros. No hay predilecciones ni escamoteos porque todas las poesías nacen de un espíritu sincero, no de un esteta. Él mismo lo dijo en varias ocasiones, una de ellas con relación a las poesías de su Cancionero: “¿Por qué no las cierno y selecciono y dejo las unas para no publicar luego sino las otras? ¿Y cuáles sí y cuáles no? Todas, buenas y malas; mejores y peores. Todas, sí, pues son miembros de un solo cuerpo al que no me cabe cercenar ni mochar; todas. Las buenas abonarán a las malas, y las malas no malearán a las buenas. Unas y otras, y todas, se completarán y se conllevarán. Quede, pues, todo.”

         Unamuno entendía la poesía como un medio para expresar las inquietudes del espíritu. Por ello, sustentan su creación lírica los grandes temas que descansan en el resto de su obra: la angustia espiritual, conflicto religioso, el dolor por el silencio de Dios, la levedad del tiempo, la muerte, el temor a la nada y el retorno a la vida. A estas inquietudes se añaden: paisajes, viajes, añoranzas, vida doméstica, recuerdos infantiles, amor, amistad, anécdotas, España y el compromiso político.      Este hombre agónico en su búsqueda de la verdad afirma que sólo es poeta quien siente lo vivo concreto que respira. Aquel a quien le sale el alma de la costra, rezumándole el alma. Por eso todos nosotros, cuando el alma en horas de congoja o de deleite nos rezuma, nos hacemos poetas. El que sabe gozar de la obra del poeta, es a su vez poeta por saber gozarla.

         A partir de su primer libro poético en 1907, la actividad lírica de don Miguel se convierte en tarea diaria y eje principal de creación literaria, como pone de manifiesto la composición de miles de poesías desde ese año hasta el 28 de diciembre de 1936 en que escribe su último soneto, recogidas todas ellas en siete libros de versos y otros textos complementarios, donde vuelca la honda intimidad de su vida cotidiana, convirtiendo en diario poético los aconteceres de su historia personal, al poner en verso la intimidad sobre descarnadas estrofas, pues en nada puso tanto cariño como en sus poesías.

         En cada poema detiene el tiempo y acota el marco en los versos como si de un autorretrato se tratara, todos ellos hijos predilectos de su alma. Su extensa su obra poética es un largo dietario vital, un resumen de duradera vida envuelta en agónica existencia, donde podemos ver las obstinaciones, empeños, alegrías, dudas, afinidades, sentimientos, y hasta lágrimas, de este gran sentidor y poeta.

 

OBRA POÉTICA: “Poesías” (1907); “Rosario de sonetos líricos” (1911); “El Cristo de Velázquez” (1920); “Rimas de dentro” (1923); “Teresa” (1924); “De Fuerteventura a París” (1925); “Romancero del destierro” (1927); “Cancionero” (1953).

                                                                           Francisco Blanco Prieto

IX Tertulia: Unamuno y las elecciones del 33

Este  miércoles disfrutamos en el Hotel Rona Dalba de la última tertulia de la asociación por este año, fue la denominada: “Unamuno y las elecciones del 33”, en la que después de hacer Luis Gutiérrez una clara y concisa introdución, se entabló entre los asistentes un interesante debate sobre la época en que se celebraron las mismas y el papel desempeñado por los políticos de entonces, y el compromiso de los intelectuales, arrojando algo de luz sobre el pensamiento de D. Miguel y su desencanto con la situación que se vivía en ese momento convulso en España, antesala de la infame guerra que sufriríamos años después.

VIII Tertulia: Los intelectuales y la sociedad actual

El día 28 de octubre, la asociación de Amigos de Unamuno, celebró su habitual tertulia, dedicada en esta ocasión a “Los intelectuales y la sociedad”.

Comenzó su exposición Román Álvarez, catedrático de filología inglesa, sus palabras, junto con las introductorias de Luis Gutiérrez, dieron pie a un interesantísimo debate acerca de lo que es un intelectual.

Un intelectual debe denunciar, actuar y comprometerse. Es un árbitro, legislador provocador e intérprete de la sociedad actual.

En el 98 surge el perfil  del intelectual moderno, jóvenes que empiezan  a comprometerse desde el punto de vista social y con el mundo que les rodea.

Un intelectual es una persona comprometida del cual se espera que cree un estado de opinión en la sociedad. Debe ser independiente, pero nunca indiferente. Se exige de él que haga una reflexión crítica de la realidad circundante, como hizo Unamuno, en su caso los intelectuales, piensan y actúan.

Miguel fue un hombre comprometido, tanto que hasta se puso en riesgo, y esto le costó el exilio. Unamuno es un intelectual porque tiene autoridad moral, es creíble, fue un agitador de conciencias.

El público llegó a conclusiones como que ningún político puede ser intelectual, porque no tiene un pensamiento libre, un periodista que escribe para un periódico tampoco. Un intelectual es el que toma acciones en público que no van a favor de ningún partido, porque entonces es un ideólogo.

Los intelectuales como referentes hoy día, ¿dónde están?

Cerramos nuestra tertulia con la sensación de pérdida, pues pocas personas hoy ostentan  ese calificativo  y con  una necesidad,   la de encontrar mentes libres y comprometidas que nos hagan reflexionar y agiten nuestra conciencia, como hacía Unamuno.

VII Tertulia: Unamuno y las corridas de toros

José Mª Balcells Domenech

José Mª Balcells Domenech

El jueves 8 de octubre tuvo lugar en el Casino la conferencia “Unamuno y las corridas de toros”, impartida por el catedrático de literatura española de la universidad de León, José María Balcells, fue presentado por el escritor Alberto Estella, moderó el acto Luis Gutiérrez, secretario de la asociación. Así como la generación del 27 fue una generación definida como taurina, no la de 1898, a la que pertenecía Unamuno. Esto contribuye a hacer crecer la idea de que D. Miguel era antitaurino. “Yo no lo tengo muy claro” declaró Balcells, que ha estudiado la relación de Unamuno con la tauromaquia a través de la opinión vertida por el escritor en cartas, artículos, incluso en algunos pasajes de sus novelas. Según el catedrático de literatura, Unamuno pudo haber sido taurino y antitaurino. Cree Balcells que antitaurino pudo llegar a serlo o a creerlo, en algún periodo breve de su vida. Señaló que en algún artículo D. Miguel declaró: “La tauromaquia no es barbarie, enseña al  hombre  las verdades eternas”. En 1936 en un artículo defiende Unamuno que la fiesta de los toros es fiesta nacional, por ser eminentemente popular. Para concluir que la fiesta de los toros es un ejercicio de libertad.

VI Tertulia: Unamuno y el día de la raza.

La Asociación de Amigos de Unamuno, nos reunimos ayer para celebrar la primera tertulia después del verano, bajo el sugerente título:” Unamuno y el día de la raza”. En esta ocasión cambiamos nuestra habitual ubicacion y tuvo lugar en el hotel Rona Dalba. Os dejamos unas fotos de la misma.

Tertulia sobre Unamuno y el día de la raza

Las tertulias volvieron al Hotel Rona Dalba tras el descanso veraniego Después del descanso del verano, la Asociación Amigos de Unamuno volvió a retomar sus actividades. Este miércoles, a las 19:00 horas, se celebró en el hotel Rona Dalba la habitual tertulia, que llevó por título 'Unamuno y el día de la raza'.