Apoyo gallego a Unamuno cuando fue desterrado a Fuerteventura.
En defensa de sus ideas, Unamuno resalta que son las personas “quienes hacen las cosas y las llevan”. Por lo tanto, creemos de justicia reivindicar a quienes se pusieron del lado del vicerrector de la Universidad de Salamanca y decano de su Facultad de Filosofía y Letras cuando, suspendido de empleo y sueldo, partió deportado desde la estación de ferrocarril de Salamanca a Fuerteventura el 21 de febrero de 1924. Más en particular, algunos ciudadanos gallegos por origen o por nación a los que luego me referiré.
Conocida la real orden de destierro de Unamuno del miércoles 20 de febrero de 1924, los amigos del intelectual bilbaíno temen por su seguridad y planean para él una fuga a Portugal, como cuenta su biógrafo salmantino, el periodista Emilio Salcedo -seudónimo usado por Emilio Sánchez Arteaga-. El catedrático proscrito rechaza la sugerencia, presintiendo que su confinamiento en Fuerteventura puede convertirse en un “boomerang” contra la Dictadura, como finalmente ocurrió.
Al abandonar Salamanca el jueves 21 de febrero de 1924, Unamuno inicia un pequeño diario titulado “Mi destierro, por si registran mis papeles” -tres folios doblados en octavilla- que recoge la actividad docente de esa misma fecha: “Doy mi última clase griego a dos señoritas. Se llena aula. Huelga estudiantes. Mi busto en nieve. Despedida en la estación”.
El dietario manuscrito de Unamuno antes comentado precisa: “Llegada a Madrid con tres horas de retraso; ateneístas. Al Imperial donde confinado”. Un estudiante coruñés llamado Emilio González López, alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad Central y cofundador de la FUE-Federación Universitaria Escolar- amplía esa referencia en su obra “El espíritu universitario”, aparecida en 1931. “En la estación nos encontramos a D. Gregorio Marañón, Ossorio Gallardo y Salvador Vila -subraya-. Partido el tren, afirma que “la policía nos detuvo a todos …
En la «isla acamellada» canaria sobresalía entonces una familia de origen gallego apellidada Castañeyra. Ellos fueron los «anfitriones» principales de Unamuno durante su destierro.