Los casos de Unamuno: El caso Boada
Los casos de Unamuno: El caso Boada
Que Unamuno fue el intelectual español más comprometido con la sociedad y su tiempo está fuera de toda discusión. Se trata de un compromiso con la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión; con la lucha contra toda forma de autoritarismo y abuso de poder; un compromiso también con el pacifismo, con la justicia y la igualdad y, también, compromiso con la clase obrera y campesina y, por supuesto, con el mundo rural y la cuestión agraria.
Para mí, desde luego, no hay duda de que Unamuno es el mejor ejemplo de lo que debería ser un intelectual comprometido, suponiendo que queden intelectuales comprometidos y sin comprometer…, ese tipo de intelectual que tanta falta nos hace ahora. Desde hace algún tiempo estamos huérfanos de intelectuales comprometidos y así nos va. El compromiso de Unamuno es algo que permea y atraviesa toda su vida y su obra, ya sabemos que, además, en el caso de Unamuno es muy difícil separar vida de obra, él volcó toda su vida en su obra.
Yo vengo aquí a hablar como escritor, como novelista y, si acaso, también como lector que es sobre todo lo que soy. Lector de Unamuno desde mi adolescencia cuando en Zamora, donde yo nací, me crie y estudié el bachillerato tuve la suerte de tropezarme con Agustín García Calvo, el gran intelectual, otro de los grandes, otro de los comprometidos, que nos leía a unos mozalbetes que andábamos por ahí fragmentos de la obra de Unamuno especialmente de sus ensayos y eso fue lo que me contagio a mí el interés por Unamuno.
En el otoño de 1905, cuando Unamuno era rector de la Universidad de Salamanca, Boada que, como saben la mayoría, supongo, es un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, en aquella época tenía unos 1.000 habitantes, ahora apenas llega a los 300. Se trata pues de un buen ejemplo de eso que ahora llaman la “España vaciada” y que yo llamaría más bien la “España desahuciada” un desahucio que comenzó no ahora sino a finales del siglo XIX, se continuó en las primeras décadas del XX y que se ha acelerado y agravado en los últimos tiempos.
El viernes 8 de diciembre de 1905 apareció en la primera plana del periódico La Correspondencia de España un artículo, muy crítico y duro, firmado nada menos que por Ramiro de Maeztu, compañero de generación de Unamuno e incluso amigo y paisano de don Miguel, aunque a veces tenían sus disputas y sus discrepancias, que se titulaba “Un pueblo entero que se traslada” y la noticia en él comentada tenía que ver con Boada. Los vecinos de este municipio salmantino habían enviado dos meses antes una carta al presidente de la República Argentina, Manuel de la Quintana, manifestándole su deseo de emigrar todos, todo el pueblo sin excepción, a ese país dado que en su tierra no tenían forma de ganarse el pan ni futuro alguno y para ello solicitaban que se les facilitara de algún modo el pasaje.
La situación del pueblo, ya no buena de por sí, había empeorado mucho cuando el gobierno tomó la decisión de vender a través de una subasta pública los bienes comunales del municipio, a pesar de las protestas y las reclamaciones puestas desde el ayuntamiento. El gobierno actuó fuera de la ley permitiendo la venta de esos bienes comunales que eran del pueblo y nada más que del pueblo y éste se quedó pues sin tales recursos que eran ya el último recurso para muchos habitantes, de donde sacaban algo para ir subsistiendo. También el pueblo se quedó sin la parte del dinero que le correspondía por la venta ya que le correspondía nada menos que el 80% de la de la ganancia con la venta. El estado se lo quedó porque necesitaba hacer caja con urgencia para cubrir los gastos originados por la guerra de Cuba. El comprador, por su parte, había convertido de inmediato los bienes comunales en pastos para la crianza del ganado y en un gran coto de caza. Esto era muy habitual, tierras de cultivo que se convierten en grandes dehesas o en cotos. Lo que hizo que la mayor parte de los vecinos de Boada no tuviera ya tierras que poder arrendar, cultivar o de las cuales beneficiarse de algún modo.
Unamuno tomó partido e, inmediatamente, se trasladó a Boada para enterarse, de primera mano, de la situación.