El Quijote de Unamuno
La celebración en 1905 del tricentenario de la publicación de la primera parte del Quijote dará origen a múltiples actos y publicaciones. La mayor parte de los nuevos intelectuales de la época se pusieron en contra del cervantismo oficial, apostando por otro más optimista y más idealista.
El «caballero andante» se convirtió en un símbolo enigmático y contradictorio de la realidad española. Don Quijote fue tema de discusión desde los más diferentes puntos de vista. Unamuno crea una nueva visión ética y estética del Quijote, haciendo del «caballero andante» una figura que la acompañó a lo largo de toda su vida.
En artículos publicados, Unamuno enriquece la figura de don Quijote con algunos elementos determinantes que conforman su particular interpretación. En el titulado «Quijotismo», en 1895, insiste en que Alonso Quijano, en el momento de morir, convierte las locuras de don Quijote en acciones positivas, dada la bondad con que se realizaron. Además, considera a don Quijote como norma de conducta y como su «otro yo», dado que sobre él proyecta biográficamente sus propias obsesiones: la búsqueda de la inmortalidad y de la gloria.