Unamuno ante el Derecho y la Justicia
Unamuno nunca tuvo buen concepto de la Justicia ni de la abogacía, (y la compara con la teología), recordemos uno de sus monodiálogos entre un político y el escritor cuando se le pregunta: ¿Qué rencor le profesas a la abogacía? Y responde el escritor, “y eso que aún no tuve pleitos, pero la aborrezco por destructora, toma las ideas y se puede jugar con ellas, pero no alquilarlas, no tomarlas de pretexto, complacerse en las ideas y que se juegue con ellas y se enfrenten, etc. Un abogado es el que va a tiro hecho a mostrar algo a buscar una solución. El teólogo es un abogado de la religión”.
Unamuno, con 22 años escribía en “El Derecho y la Fuerza”: “La libertad es la conciencia de la ley, la libertad anida, está ahí en las entrañas de la ley, o tiene que estar ahí en las entrañas de la ley, porque a la ley le corresponde proteger la libertad del hombre”.
El Unamuno adulto dice en una carta que el que escribe a Ganivet: “Cuando se dirija a usted a mí, amigo Ganivet, puede decir del Derecho cuántas perrerías se le antojen, porque lo aborrezco con toda mi alma, derecho y deber, estas dos categorías con que tanto nos llenan los oídos, son dos categorías paganas lo cristiano es gracia y sacrificio no derechos y deberes”.
El “Derecho Cristiano” molestaba sobremanera a Unamuno: “No hay nada más lejos de un Código Jurídico, de un Código de Derecho, que un Código Cristiano. Son dos mundos, dos concepciones absolutamente diversas”. Él echa la culpa de eso, por un lado, a San Pablo y, por otro, al Derecho Romano, que irrumpió en las doctrinas del cristianismo, sobre todo cuando introduce en la concepción de la propiedad su derecho de usar y abusar. Esto le repugnaba, ya que esto de cristiano no tiene nada sobre todo cuando decía él que los cristianos primitivos eran comunistas.