Dios y el destino del alma en Miguel de Unamuno

Nos decía Unamuno en «Mi confesión”“Me resisto a creer a los que aseguran que nunca, ni en un parpadeo, el más fugaz, ni en las horas de mayor soledad y silencio íntimos, se les ha aflorado a la conciencia ese rumor de la incertidumbre. No comprendo a los hombres que me dicen que no les ha preocupado nunca el allende, la muerte, ni el anonadamiento propio les inquieta. Paréceme que padecen algo así como estupidez espiritual o mejor dicho, religiosa, y quisiera poder meter inquietud en todas esas pobres almas sonámbulas. Quieren razonar y su fe debe resistírseles, como la razón resiste a la fe y yo no quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón. Lo que quiero, que se peleen y se nieguen recíprocamente, pues su combate es mi vida”.  

Hablaremos hoy de las ideas del filósofo, Será una charla en tres partes: La epistemología, la teoría del conocimiento. A Unamuno le preocupan Dios y el alma y, desde su punto de vista, ni Dios se puede conocer ni el alma se pueda conocer. Luego Unamuno discute todos los argumentos que se han dado a lo largo de la historia acerca de la existencia de Dios y/o de la inmortalidad del alma. Finalmente Unamuno reconstruye un proceso alternativo a Dios y la inmortalidad… 

«El hambre y el amor son los dos resortes básicos que mueven la vida…» (Tumba de don Quijote). Del hambre surge todo el mundo objetivo que nos rodea, del instinto, del ansia de perpetuación surge un mundo “ideal”, no objetivo, pero real, el mundo del espíritu, de lo religioso, son conocimientos subjetivos, pero no por ello menos reales ni menos importantes.