Los días 4, 5 y 6 de Mayo, se han realizado en el Colegio de Médicos de Salamanca, las jornadas “Unamuno y la Medicina”. Fueron presentadas por Manuel Gómez Benito, Presidente del Colegio de Médicos de Salamanca y actuó como moderador de las mismas D. Juan Antonio González  González , Presidente de Honor de la Real Academia de Medicina de Salamanca.
Desde este espacio queremos desde la Asociación de Amigos de Unamuno daros las gracias por vuestra disponibilidad y por vuestro trabajo de presentación de las mismas.
Esto es lo que en líneas generales dieron de sí estas jornadas, que como siempre nos ayudan a conocer mejor a  D. Miguel de Unamuno, intelectual del que queremos saber más y mejor. Gracias a quienes lo hicieron posible.
El miércoles día 4 de Mayo, tuvo lugar la conferencia: ”Unamuno y la Medicina” impartida por Consuelo del Cañizo Fernández Roldán, nieta de D. Agustín del Cañizo, amigo íntimo de D. Miguel.
Su conferencia versó sobre la relación de Unamuno con la ciencia, con la medicina, y su idea de la vida y de la muerte.
Para ello la conferenciante rastreó entre las novelas de D. Miguel, haciendo hincapié en: ”Amor y Pedagogía”, “Niebla”, ”La tía Tula” y “Abel Sánchez”. Donde por medio de la opinión de los personajes nos podemos hacer una idea del sentir y del pensar de Unamuno a cerca de los temas que nos ocupan.
El día 5 de Mayo, asistimos a la conferencia: ”Amigos médicos de Unamuno”, impartida por Agustín del Cañizo Álvarez, nieto de Agustín del Cañizo, amigo íntimo de D. Miguel.
Podemos decir que ciencia y cultura unía a este grupo de amigos. Entre los que podemos citar a los más relevantes, entre los que se encuentran: Agustín Cañizo, Casimiro población, Filiberto Villalobos, Hipólito Rodríguez Pinilla, Casto Prieto, etc.
Con ellos compartió D. Miguel ratos distendidos en tertulias y confidencias, pues contaba entre ellos a  su médico de cabecera Rodríguez Pinilla.
 Agustín del Cañizo era un médico avanzado para su época, con él mantuvo una estrecha amistad, lo esperaba en su consulta, hacían excursiones por la sierra de Francia. Era de conversación amena y hacía reír a Unamuno.
Fueron amigos fieles, Cañizo estuvo muy cerca de la familia de D. Miguel cuando éste estaba en el destierro. Hubo entre ellos una interesante relación epistolar que fue destruida por parte del médico, pues el grado de confidencialidad que en ellas había era muy grande.
También citamos entre sus amigos médicos al ginecólogo Casimiro Población, quien fue a buscarlo en su coche a Valladolid cuando Unamuno regresó del destierro en 1930.
Casto Prieto, mantuvo con D. Miguel una amistad que le vino más por el mundo de la política, pues fue Alcalde de Salamanca y vilmente asesinado por el régimen.
Te invitamos a leer la conferencia: 'Los amigos de Unamuno' - Cedida por Prof. Dr. Agustín del Cañizo Álvarez
CONFERENCIA

LOS AMIGOS MÉDICOS DE D. MIGUEL DE UNAMUNO

 

Prof Dr. Agustín del Cañizo Álvarez

Catedrático de la Facultad de Medicina

Hace un par de años, recibí información sobre la organización de esta Asociación de Amigos de Unamuno. Venía del mejor biógrafo de D Miguel. Francisco Blanco. Me pidió una lección de mi abuelo; impartida en Zaragoza el ‘43, cuyo título traducía la personalidad de D Agustín del Cañizo García. ‘De cómo las enfermedades pueden complicarse con el médico’. Después vino la propuesta para impartirles esta charla. Para mí, fue un honor. Lo agradezco de corazón, aunque me coloca en una situación apurada y difícil.

 

            Entonces… Yo. Nieto del eminente catedrático de Médica, escuché desde mi infancia la amistad. Eterna amistad, entre D Miguel y D Agustín. Oí varias anécdotas. Citar, por tanto, a mis proveedores fundamentales de información. Mi tía Chelo y el Dr José Morán Gutiérrez. Este último, que nunca fue viejo. Todos mis sábados disponibles, me acercaba al Hotel Condal de la Plaza de Santa Eulalia, donde siempre lo encontraba a la ‘hora del café’. Aquellas citas fueron, para mí, enriquecedoras. Pepe Morán recordaba todo. Fue un hijo para mi abuelo y para él, D Agustín, un padre. D José siguió a mi abuelo a Madrid. Compañero de curso desde el Bachiller, de Agustín. Mi tío. Contaba, que prácticamente vivía en su casa. El domicilio de los Cañizo fue su hogar. Le ayudaba en el consultorio y en la Facultad y además ejercía de practicante a domicilio para administrar inyectables a los enfermos de mi abuelo. Convivió con mis tíos como un hermano más. Tenía un gran sentido del humor y un día me dijo. Yo le vi el culo a la mujer de Besteiro. Sufrió una bronconeumonía allá por el ’34 y me harté de pinchar sus nalgas.

 

También relataba que D Agustín se trasladó a Carmona para visitar a D Julián Besteiro. Teniendo en cuenta que este político murió en aquella prisión en septiembre del ’40, mi abuelo fue capaz de acudir al llamado de su amigo. Esto traduce su gran sentido de la amistad y valentía. Téngase en cuenta que esas fechas su proceso de depuración estaba muy reciente. Aun así, en su Morris, acompañado de su hijo Manuel y de Morán, viajaron al pueblo sevillano en agosto del ’40; avisado por Dolores Cebrián, esposa del antiguo Presidente de las Cortes. El conductor del vehículo fue mi padre. D Casimiro. El único de la familia que aquellos días disponía de permiso para conducir. Pepe Morán relataba aquel viaje con todo detalle. Solamente permitieron la entrada a mi abuelo y según Pepe, D Agustín, salió muy entristecido.

 

Una ocasión, hablando de D Miguel. Decía: Tu abuelo y Unamuno iban delante. A veces D Miguel silencioso; pero difícil era estar callado con tu abuelo. Era simpático a más no poder y notábamos como Unamuno reía con la conversación. Les seguíamos; casi adolescentes tras dos grandes personajes. Jamás se nos ocurriría caminar a su lado. Se apreciaban mucho. Juntos se les notaba felices y contentos. Con él y con sus hijos me hice hombre. Y luego el cine. Tu abuelo fue un gran aficionado al cine. Tanto es así que todos los días disponíamos de la fila 8 del Liceo. Para Cañizo y amigos. Me hice médico por él.

 

            Otro prócer, para mí, de información: D Darío Carrasco Pardal. Con brillantísimo expediente académico y encargado de cátedra al trasladarse, D Agustín, a Madrid. Darío apadrinó a mi hermana Dolores. Darío fue considerado en casa como de la familia. Darío fue depurado. Expulsado de la Universidad y de la Beneficencia y estuvo preso. Como siempre las revoluciones, pregonando libertad, liquidan a los liberales y dejan a esas personas, libremente indignadas[1]. Como apuntó Miguel Torga para aquella revolución portuguesa de los claveles. Darío murió el 5 de octubre del ’77 y le recuerdo en un montón de reuniones familiares. Disponía de una enorme cultura y su expresión verbal era riquísima. Recuerdo, durante la celebración de una onomástica de mi padre; un cuatro de marzo, quizá el ’74, salió a colación D Miguel y Darío, muy serio, sentenció: Ya ves, Casimiro, como es Salamanca. Si cualquier ciudad del mundo dispusiera de un personaje como Unamuno se le veneraría. Ahora empiezan a conocerle con tanto homenaje póstumo. Sí –replicó mi padre- Y con tanta lápida y placa tendremos España como la Sacramental de San Justo. Idea similar a la anotada por Francisco Blanco en su Diario Final. Fue para mí D Agustín –decía- tan larga la convivencia que resultó ser una prolongación de mi propia familia. Darío hablaba sobre mi abuela. Doña Consuelo. La mujer más bondadosa y caritativa que conocí. Fue la señora buena –escribe en el Libro Homenaje- que con tanta amabilidad, modestia y sencillez, supo personificar las virtudes de comprensión, cordialidad y auténtica hospitalidad; proverbiales en la familia Cañizo. Siempre fue la compañera ideal del maestro y reciba ella mi más profunda gratitud.

 

            Mi tía Consuelo hablaba de D Miguel bastantes veces. Almorzaba con ellos a menudo. Eran medio vecinos de la calle Zurbano, pues Salomé y su marido tenían el domicilio muy cerca, en el  nº49. Mi abuelo en el 28. Fue mayor que mi padre y recordaba muchos detalles. Cuando D Miguel venía a Madrid siempre llegaba a casa. Hubo una relación epistolar entre mi abuelo y D Miguel. Cartas destruidas por mi tía alegando ‘demasiadas confidencias íntimas’. Según ella. Enfermedades y problemas de familia. Que mejor la gente no se entere. Así me lo manifestó ella misma cuando reclamé la documentación. Me la pidió Pablo; nieto de D Miguel y catedrático de Dermatología. Seguramente eran pocas las cartas. D Agustín no parece que fuese proclive a guardarlas; fácilmente las rompería después de leerlas y respondería por teléfono.

 

            Aquellos almuerzos en Zurbano 28, no se limitaban a la familia. Recuerdo escuchar a mi padre no acordarse haber comido en su casa sin algún invitado. Siempre tenían gente. Llegaba D Miguel y esperaba a que D Agustín finalizara la consulta. Mi tía Chelo contaba, que en una ocasión, coincidió con Carlos Arniches, el autor de D Quintín el Amargao, entre otras obras; y ella y mi abuela, hasta la llegada de D Agustín, les pusieron a jugar a los naipes. Quiero imaginar a ambos escritores cortando la baraja. Esta anécdota demuestra la confianza con la que D Miguel era tratado y recibido. Otra cosa es, si disfrutó con la partida.

 

Sabemos, que D Agustín vino a Salamanca antes de la muerte de Doña Concha. Quizá por hablar con D Miguel. Sé, por mis tíos, que la esposa de Unamuno sufrió un infarto cerebral. Mi tío Agustín, contaba, haberse encontrado en la Plaza Mayor. D Miguel, exclamó: Vaya con esas bestias de Mussolini y Hitler. Todos los acompañantes de Unamuno desaparecieron. Se disolvieron. Es seguro que visitó a Doña Concha. Expresamente llegó desde Madrid para eso. Debió ser el ’34. Y vino a Salamanca varias veces.

 

            Mi abuelo fue un médico muy avanzado para su tiempo. Siempre en la vanguardia del progreso, dominó toda la ciencia médica del momento y al completo. Y D Miguel contó con la amistad de grandes maestros. Médicos extraordinarios. Hablemos de D Antonio Trías Pujol, catedrático de Cirugía. De D Casimiro Población Sánchez, de Ginecología. De D Godeardo Peralta Miñón, de Anatomía y ORL. Especialidad, la mía, entonces aún naciente. De D Adolfo Núñez, de Histología y Anatomía Patológica. El leucocito; apodo aplicado por los estudiantes del momento. Añadimos la figura de D Hipólito Rodríguez Pinilla. Dos más fueron Filiberto Villalobos y Casto Prieto. El último, asesinado en los primeros meses de la guerra civil. Simples burgueses que jugaban a ser progresistas; palabras de Largo Caballero. El resultado fue de aterrados, desterrados y hasta enterrados, como define Marc Blanco. Forman este grupo los clasificados por Blanco Prieto como ‘amigos del asa’ o íntimos y con los que tuvo gran confianza. Los denominados de forma peyorativa ‘coro de doctores de Fedra’: Cañizo, Población, Pinilla, Peralta, Prieto, Trías, Salcedo y Villalobos.

 

D Agustín fue discípulo de D Manuel Alonso Sañudo, catedrático en San Carlos y quizá su alumno predilecto, tal como cuenta D Misael Bañuelos por el trato de este hacia D Agustín. Según D Misael, era un magnífico conversador y los diálogos con él fueron siempre entretenidos y amenísimos, disfrutando de una gran facilidad para referir cuentos y chistes, que nos arrancaban la risa franca y en algunas ocasiones la carcajada. Simpático a más no poder, como contaba Pepe. Fue D Manuel el médico más prestigioso de Madrid. Pepe decía. Cuando tu abuelo hablaba de Sañudo se emocionaba. Le admiró sobremanera y siempre le estuvo muy agradecido. Además, tu abuelo estuvo dos veces en Alemania. Creo que el ’11 y el ’13 y nos trajo dos cosas muy importantes: Los Rayos X y el ECG que entonces fue derivado del Galvanómetro de Einthoven. Este tipo fue Premio Nobel de las letras: Pero solo de la P, de la Q, de la R, de la S y de la T. A Pepe Morán no le faltaba humor; con el resto del abecedario nos hubiera ofrecido hasta una novela. Esta coletilla la añadía tu abuelo en la clase correspondiente. Y su descripción del angor pectoris. Era magistral y literaria. Ningún alumno de la época puede olvidarla. Decía así: Constituye el angor pectoris o angina de pecho un acontecimiento dramático. Escuchara el relato angustiado de un hombre, en la madurez de su existencia, como después de una cena o marcha apresurada, se vio presa de un dolor atroz e inmovilizante que estrangulaba su pecho como una diabólica garra de acero; su forzada quietud alivió el dolor; pero mientras duró sintió pasar, junto a sí, el hálito helado de la muerte. Y esa solemne advertencia tendrá ya, para quien lo relata, un valor de eternidad.

 

Ah¡ Y no te conté mi viaje a Berlín. Tu abuelo me mandó a Alemania y le obedecí. Pagó todos los gastos. Estábamos tu tío y yo en un bar, cuando entraron los camisas pardas. Me levantaron en volandas hasta meterme en una camioneta. Terminé en una habitación de paredes cementadas y triste. Nunca supe alemán. Ich Spanien. Ich Auslander. No llevaba el pasaporte. Tu tío, dominando muy bien el idioma, se enteró donde estaba. Se presentó con la documentación y me soltaron. Ya ves mi pinta y color de piel. Me tomaron por judío. Fueron los de la SA. Regresé a Madrid de inmediato y gritando ¡Viva el Rey!

 

Alemania fue en la época la Meca del saber médico. Parece ser que D Agustín recibió las primeras clases de alemán de D Miguel; igual que D Casimiro. No sabemos nada de sus estancias en tierras tedescas, pero sí la carta de recomendación de D Miguel: Desea visitar Alemania y hablar el idioma, escrito a la JAE. Conocemos que la traducción del libro sobre ‘Enfermedades del Corazón’ de McKenzie fue traducido por ambos del inglés. Este autor publica el libro en 1908 y es considerado uno de los fundadores de la Cardiología. Antes había publicado ‘Estudio del Pulso’ [1902] y ‘Cardiopatías y Embarazo’ [1919]. D Agustín fue un experto en ese tema y destacó siempre en la interpretación del pulso, la auscultación y percusión; Botella Llusía en su Manual de Obstetricia y Ginecología cita a mi abuelo como primer descriptor de los problemas de la mujer embarazada en relación a las enfermedades cardiacas.

 

            El conjunto de personalidades  que siempre acompañó y veneró a Unamuno, sufrió tristezas y pesares. Desavenencias y hasta desgracias. Pero es mejor recordarles en sus alegrías. En sus grandes satisfacciones; valorando su forma de ser. En su lifestyle, como dicen ahora. Inventaron el output weekend. Las excursiones y salidas de fin de semana. Dos automóviles disponibles. El de D Agustín y el de D Casimiro. El chófer. Miguel. Seguía su caminar. Iba de apoyo con la merienda. Ellos, caminando por los caminos y senderos de La Alberca, toparon con un aldeano. Y quienes son Vds. les espetó. Somos Miguel de Unamuno y Agustín del Cañizo. Vaya… Respondió. Y yo soy el gobernador. Si fuesen Vds. quien dicen ser; menudo coche traerían. El auto iba tras ellos. Bastantes veces les acompañó Antonio Trías. Ahí está la tan difundida foto en el Monasterio de la Peña de Francia y que encabeza el programa de esta sesión. Pero si nos fijamos, vemos a mi abuelo y a D Miguel con botas; calzado para caminar, mientras que D Antonio está con traje y corbata, como demasiado elegante para subir a pie desde la Fuente de la Buitrera.

 

            D Miguel y mi abuelo hicieron muchas excursiones juntos. Ambos amaban la naturaleza y el campo. Así D Miguel veraneaba en Candelario y mi abuelo en el Castañar. Subieron al Calvitero y al Almanzor. Pasearon la Alberca, las Batuecas y la Peña de Francia. Se acercaron al lago Sanabria, a Cuenca y Segovia. Recorriendo juntos todos los altos y llanos de Castilla. Tía Chelo me relató un viaje a Portugal.

 

            Es mejor el optimismo y mirar las cosas desde su mejor lado. La época que les tocó vivir no fue la mejor. Mental y socialmente fueron liberales. Liberales decimonónicos, como apunta Stanley Payne en su prólogo para las Memorias de Alcalá Zamora.  Formaron parte de una brillante burguesía intelectual que terminó destruyéndolos. Soportan y sufren el directorio militar, resultado de la ‘revolución de las espadas’. La corriente política de moda fue el totalitarismo con el vector de restaurar el orden social. El principio físico de acción y reacción, provocado por el bolchevismo ruso. Todos los historiadores reconocen que la ‘gente estaba harta’. La violencia de aquellos días. La quema de Iglesias. Cavilo sobre eso. ¿Cómo verían aquellos sucesos D Miguel y D Agustín? Ambos simpatizantes con la «Agrupación al Servicio de la República», dirían con Ortega (su promotor) Esto no es. Esto no es. Como clamó el filósofo.

 

El día del estallido de la guerra; D Agustín se encontraba, con la familia, en Rio Frío. Reserva Estatal. Llegó uno de los guardas para comunicarles la sublevación del ejército de África. Con ellos se encontraba D José Antón Oneca. Fue a Segovia de fin de semana y su estancia en Muerte y Vida, 4, duró tres años. Hasta el fin de la contienda. Mi padre recordaba la guerra en Segovia. A D José le ingresaban en la cárcel. Hablaba mi padre con el gobernador civil… y le sacaban… Pero casi siempre en casa, en régimen de prisión domiciliaria. Cuando estaba preso fui el encargado de llevarle la comida a la cárcel. Igual hicimos cuando fue condenado a trabajos forzados en la carretera de Toledo; no recuerdo, como dicen, que estuviese en el Valle de los Caídos. Yo conducía el Morris, y tu abuelo le entregaba los almuerzos y le deparaba ánimos y una buena conversación. Esta información fue corroborada por D José durante el banquete de boda de mi primo Manolo. Me salvó la vida y el alma. Afirmó.

 

            Al término de la guerra D Agustín regresó a Madrid donde le aguardaba el proceso de depuración siendo acusado  de ‘ser izquierdista y amigo de los más destacados universitarios que prepararon la revolución marxista’, según reza el informe redactado por Fernando Enríquez de Salamanca, presidente del tribunal depurador junto a Valentín Matilla y Leonardo Peña. Se le echó en cara ser amigo, además, de izquierdistas como Unamuno y Giral; y desde Salamanca llegó otra delación acusándole de pertenecer a la masonería; vino de un médico salmantino cercano a Franco. Callo el nombre por ser conocido en la ciudad. Hubo amigos que le defendieron a capa y espada, destacando entre ellos D José Estella y Bermúdez de Castro; brillante catedrático de cirugía. Formó parte como afirma Francisco Sierra del exilio interior; este hecho marcó a mi abuelo para siempre y se relacionó poco con el resto de los compañeros, exceptuando el citado Estella y D José Casas. Ambos, siempre se consideraron discípulos suyos aunque el último, también represaliado, fuera alumno de D Misael. Pepito y Pepe; como D Agustín cariñosamente se refería a ellos.

 

            Aunque las líneas precedentes no tienen casi relación con Unamuno; fueron leídas para hacerles ver la personalidad de D Agustín. Su forma de ser. Su lealtad y gran cariño. Su enorme bondad y campechanía. Su generosidad y valentía. El año ’92, llegó un paciente de mucha edad, a nuestro consultorio. Antes de tomarle datos dijo. ¿Es Vd. nieto de D Agustín? Si es Vd la mitad de bueno que él; será el mejor médico de España. Me sorprendió la afirmación y le pregunté. La explicación fue la siguiente: Su abuelo visitó a mi padre; entonces muy enfermo. Llevaba sin trabajar meses y nuestra economía era muy pobre. D Agustín le visitó y trató. Mi familia no tenía recurso alguno y nos enfrentamos a los gastos de farmacia. Pero su abuelo, que se dio cuenta de nuestras necesidades, debió hablar con el boticario, pues no cobró nada. Además no pasó los honorarios de su consulta y visitas, que fue de varios días. Hasta su curación. Mi padre murió viejo. Nunca olvidaremos aquello. Recuerda algo a Giuseppe Moscati, hoy santo y venerado en Nápoles. Coetáneo de mi abuelo.

 

            Sobre D Agustín hay varios comentarios de este tipo. Castilla del Pino en su Pretérito Imperfecto; cuenta que siendo alumno interno en su cátedra, D Agustín se presentó un domingo en la sala. Pidió a la monja que vistiera a un niño segoviano allí ingresado y se lo llevó a la sesión matinal de un cine cercano. Otra historieta contada fue que, por lo visto fue avisado para visitar a un enfermo. Se calló de un carro y quedó medio tonto –le dijeron- Vamos a ver… Vamos a ver, quizá quedase mejorado y antes del golpe era tonto entero. Lo diría con su gracia y humor, aunque seguramente con expresión de tristeza.

 

Debió ser persona de extrema bondad. Caritativo. Formando parte de aquellos caballeros de su generación. La que fue nuestra Edad de Plata. Ciencia y Cultura se unieron en su persona. La primera por el estudio y su afán de superación; la segunda por su padre: D Juan del Cañizo y Miranda. Gran humanista y al que D Miguel le dedicó elocuentes palabras en el Homenaje con ocasión de su traslado a Madrid. Se expresó D Miguel, quizá en los postres del banquete. ‘El maestro que es Cañizo se lo debemos a un hombre; a un español y a un maestro. A su padre. A D Juan del Cañizo que es a quien quiero hoy rendir homenaje. Tuve la suerte y la honra de conocer a aquel varón ejemplar; sencillo, modesto y todo corazón inteligente’ Una de sus obras, titulada: ‘Compendio de un plan razonado de Historia Universal’. Fue dedicada a D Agustín. 1897.  D Juan fue licenciado en Teología, Filosofía y Letras y Medicina (tres carreras siguió)  y la dedicatoria fue la siguiente: ‘Querido hijo: Tu vocación te llevó a investigar los secretos de la organización con el escalpelo y el microscopio, en cuyo estudio, por grandes que sean los adelantos modernos y por maravillosos que lleguen a ser los del porvenir; siempre encontrarás un más allá que te hará pasar del mundo de la materia al mundo del espíritu. Yo vivo en la esperanza de que al llegar a lo inexplicable tu razón se refugiará en la sacrosanta doctrina que nos ofrece, como última verdad, la inmortalidad en la presencia de Dios. Que no olvides que esta creencia es mi mayor y mejor deseo, hacia ti. Esto demuestra que fue persona muy creyente; como lo fueron su hijo y D Miguel, aunque sí bastante anticlericales. Liberales decimonónicos.

 

Hubo, desde luego, una gran discreción desde el término de la guerra civil. Todos ellos; me refiero a los míos, silenciaron siempre los hechos de la depuración de D Agustín y de su hijo Jesús. No cabe duda que marcó su actuación profesional. Excepto Jesús, todos salieron de Madrid. Hasta el fin de la era franquista nos comentaron poco. Todos fueron médicos brillantes y excelentes personas; heredando la extraordinaria educación del abuelo. Modestia, Sencillez, Campechanía, Generosidad y Caridad. Como D Miguel se expresó sobre nuestro bisabuelo. Todo corazón inteligente. Esta definición, retrató a su familia.

 

Anteriormente, intenté recopilar recuerdos, hablares y comentarios de mi padre, amigos de mi familia y de la familia. Otros, muy relacionados, como Pepe Morán y Darío Carrasco. Cosas que me contaron… Consulté las obras de Francisco Sierra y Fernando Pérez Peña. Los libros del amigo Paco Blanco y los escritos que gentilmente me pasó. Muchas gracias Paco.

 

            Otro médico amigo fue D ANTONIO TRIAS PUJOL. Les llegó a Salamanca, como catedrático de Cirugía, desde Barcelona, en 1920. D Antonio fue más amigo de D Agustín que de D Miguel y les acompañó en alguna excursión. No obstante, Trías, fue uno de los cirujanos más eminentes de los años ’20. Ocupó cátedra, en esta ciudad siete años. Se ocupó de los avances de la anestesia y de la cirugía torácica. En su CV publicado no se cita sus visitas a Alemania; con los doctores Sauerbruch y Kirschner. Pero fue el primero en usar la cámara de baja presión en cirugía pulmonar para el tratamiento de la tuberculosis. Disponemos de pocos datos sobre las actividades de don Antonio en esta ciudad. Estuvo siete años y regresó a Barcelona, por traslado, como catedrático de Cirugía. Ocupó varios cargos en relación con la Academia y al término de la guerra se exiló a Colombia. Regresó a España el ’56. Vino a Salamanca el ’57, invitado por el Prof Miguel Moraza. Mi padre le visitó en el Gran Hotel. En Colombia no fue bien recibido. No pudo ejercer como docente y quizá la razón para ir allá estuvo causada por un mal consejo. Las escuelas colombianas de cirugía son brillantes. Las conozco bien. Veo a D Antonio operar, de sanatorio en sanatorio, apoyado por el grupo de exilados en Bogotá. Sin embargo, está la Universidad del Rosario; de fundación dominicana y copia exacta de la nuestra. De la USAL. Soy doctor honorario de aquella y no comprendo bien el porqué, habiendo sido, D Antonio, catedrático de Salamanca se le dejó de lado. Fue uno de los mejores cirujanos del momento. Esta duda intentaré despejarla cuando regrese a Bogotá, donde viajo al menos, una vez al año. Sin duda alguna le hubiese ido mejor en México y habría llegado a catedrático de la UNAM; sobre todo porque el grueso de médicos y científicos exilados de la República se afincaron en la nación azteca, donde llegaron a alcanzar los más altos puestos docentes. Como los Giral y Somolinos d’Ardois.

 

            El tercero, importante y gran amigo fue D CASIMIRO POBLACIÓN SÁNCHEZ. Padrino de mi padre y al que debe su nombre. Seguramente fue el ginecólogo más brillante de la época. Viajó a Alemania; como todos. Amplió estudios también en Francia y llegó a dominar ambos idiomas. También visitó los EE UU. Según relata Paco Blanco fue multado con 150000 pesetas por declararse progresista y de izquierdas. Tener en cuenta que ser de izquierdas en la época demostraba simpatía por la República y nada más. Por lo visto el dinero le fue devuelto después de visitar a Zita Polo; hermana de Doña Carmen Polo de Franco.

            Fue otro catedrático de Salamanca que gana plaza en la Universidad Central, sin dejar tener actividad médica aquí donde poseía un sanatorio muy bien dotado; iba y venía muy a menudo. D Casimiro murió joven de un tumor cervical. En 1940, habiendo viajado a París para tratarse, entonces, con curiterapia; estaba naciente la radioterapia, especialidad en la que siempre destacó Francia. Parece ser que fue operado y ese tumor, seguramente una metástasis, según opinión de su ahijado Casimiro; sabemos que visitó a D Antonio García Tapia. Quizá fuese un cáncer de cavum. Esta opinión la compartía con mi tío Agustín, también ORL. Fue enterrado en el cementerio salmantino, como escribe Blanco Prieto, pues solía decir en sus últimos días, tenía más amigos dentro de él, que fuera.

         La relación entre D Casimiro y D Miguel fue grande e intensa. En su automóvil se recogió a Unamuno en Valladolid al regreso de su destierro en febrero del ’30. Le acompañaron varios amigos; entre ellos, mi abuelo. Mi familia siempre afirmó que el coche fue el de D Agustín. Analicé la foto y es el auto de D Casimiro; el que aparece rodeado de una multitud, no es el Chrysler Imperial de D Agustín. Es de color claro y su techo de lona. El de mi abuelo era negro. Puede ser un Horch o un Lincoln del ’25. El cristal delantero está abierto; cosa imposible en el Chrysler; pues ya disponía de calefacción y su capota era metálica. Quizá; seguramente, esa afirmación venga de que sí… Mi abuelo y acompañantes siguieron al coche de D Casimiro hasta Valladolid. Quizá de ahí venga la confusión pues toda la familia juraba ser su coche. Pensemos que todo el coro no cabría en el de Población y se repartieron en ambos vehículos.

         D Godeardo Peralta Miñón, regentó la cátedra de Anatomía I; mientras en la II lo hizo D Casto Prieto Carrasco. Fue D Godeardo un gran profesor y lo que sé procede de mi suegro, D Antonio Alvarez Morujo; D Antonio fue alumno interno suyo y aprendió de él toda la Técnica Anatómica del momento. La disección al agua, la corrosión y las inyecciones vasculares. D Godeardo fue un gran experto. También viajó a Alemania y a Francia. Según mi suegro era un hombre muy bondadoso y muy cordial. Dolido; tremendamente dolido por los sucesos de la guerra civil en Salamanca. Desde entonces, dejó de gustarle esta ciudad, afirmaba D Antonio; y en cuanto pudo salió de ella y pasó a Zaragoza, donde se jubiló en mayo del ’49. Inició un museo anatómico y la disección submacroscópica con lupa. No dispongo de más datos sobre él, pero fue decano y colaboró en el busto de D Miguel del Palacio de Anaya. Amplió, además, las instalaciones de nuestra Facultad. En los Estatutos de la Universidad de 1919, figura como redactor y aparecen dos nombres que tuvieron amistad con D Miguel. Pedro Urbano de la Calle y José Giral Pereira, que a la vez fueron muy amigos de mi abuelo.

 

Su compañero de asignatura tuvo una gran actividad política. D Casto llegó a ser alcalde. Republicano azañista. Sus relaciones con D Miguel siempre estuvieron vinculadas a la política. Se apoyaron y ayudaron. Procedía de la medicina rural y ganó la cátedra de Anatomía el ’27. Los primeros días de la guerra se sintió traicionado, sin poder conocer; pues fue asesinado, el auténtico pensar de D Miguel y su respuesta a la sublevación militar. Este concepto sobre D Miguel pesó en el bando republicano que lo destituyó como rector y le retiró todos sus honores y condecoraciones.

 

Si mi abuelo, en relación con D Miguel fue ‘su amigo del alma’, no menos hemos de considerar a D HIPOLITO RODRIGUEZ PINILLA. Catedrático de Enfermedades de la Infancia, Académico de la Real de Medicina, concejal republicano y catedrático de la Universidad Central de Hidrología. Fue su médico de familia y consejero y su amistad no disminuyó en toda su vida. Fue muy aficionado a la literatura y trató a Raimundín: Fallecido por una hidrocefalia consecuente a una meningitis. Fue tutor de Fernando Unamuno y administrador de los dineros que D Miguel le enviaba para sus estudios de arquitectura en Madrid. Siempre se ayudaron mutuamente y hasta le ofreció su casa a Doña Concha durante el destierro, poniéndose al servicio de D Miguel para lo que hiciera falta. D Hipólito fue una excelente persona y cuando murió en marzo del ’36, a D Miguel se le fue otro pedazo de su vida salmantina, según escribe Blanco Prieto.

 

Según Juán Antonio Rodríguez Sánchez, Profesor Titular de Historia de la Ciencia de esta USAL, se le considera el fundador de Hidrología en España y de hecho fue su primer catedrático. Escribió tres obras sobre su especialidad que fueron los libros de texto a seguir por todos los médicos de baños. Él lo fue por oposición. Aquellas fechas estaba muy de moda el tratamiento ‘de las aguas’ y clasificó sus diferentes composiciones químicas de cada balneario para hacer las correspondientes indicaciones. Para el reuma… para las enfermedades respiratorias… etc. Su ‘Tratado Hidrología Médica’ fue muy difundido en la época. D Hipólito pronunció unas bellas palabras en el Homenaje a D Agustín, ensalzando sus dotes clínicas y diciendo que trajo a Salamanca, el vino nuevo para llenar las odres, ya repasadas, de esta Facultad, y nos estimuló a todos con su ejemplo

 

            Recuerdo una anécdota relatada por mi padre sobre mi abuelo. Por lo visto fue una especie de sesión clínica sobre la eficacia de los baños en la terapéutica. Decía D Agustín, sin dudar de la actividad curativa de las aguas, que se encontrarían mejores resultados si al marido se le recomendaba Retortillo y a la mujer los cacereños de Montemayor, separándolos; pues así aprovecharían más el ocio en esos lugares. Ocurrencias de mi abuelo y que, muy probablemente se lo diría a Pinilla.

 

            Por último, otro gran médico salmantino y buen amigo de D Miguel, fue D FILIBERTO VILLALOBOS GONZÁLEZ. Republicano, concejal, diputado en varias ocasiones y ministro de Instrucción Pública. Hizo muchas cosas por Salamanca y trató a mucha gente humilde. Fue persona muy creyente y el médico de la diócesis salmantina dado que le avisaban de todos los conventos. Fundó escuelas y residencias para niños y fomentó obras públicas. Cuenta Blanco Prieto que D Fili afirmó al nuncio que él era el representante de Cristo en Salamanca; Ms Tedeschini le preguntó que pintaba el obispo… Le respondió que este se ocupaba de la Liturgia. Mientras él aplicaba la Doctrina.

 

Él y D Miguel siempre se ayudaron mutuamente. D Fili, como se le conocía en Salamanca, fue un político y médico excelente. Debió ser persona de gran calidad humana. Se decantó por la Radiología, especialidad que siguió su hijo Enrique. Siendo ministro hizo todo lo que pudo por esta ciudad y según contaban, para visitarle en Madrid y tener audiencia, bastaba decir que ‘se venía de Salamanca’. Siempre atendía a nuestros paisanos de entonces. Fue miembro del partido liberal y después del centrista. Nunca formó parte de los partidos de Azaña.

 

Cuando D Miguel fue condenado por injurias al rey y desacato, le buscó abogado[2] y lo pagó él mismo. Años después, cuando D Fili fue detenido, le visitó en la cárcel e influyó en el cuartel general de Franco para obtener su libertad, alegando el trato que recibió el general, cuando sufrió un accidente de tráfico cerca de aquí. No lo consiguió, pero sí la certeza que conservaría la vida y al fin la libertad. D Miguel jamás cesó en su apoyo e influencias hasta su muerte el 31 de diciembre del ’36. Aun así Villalobos permaneció en la cárcel hasta julio del ’38; dedicándose a la Medicina hasta que murió en 1955.

[1] Tras la caída de la Dictadura, los intelectuales más brillantes del país eligieron la opción republicana y rechazaron las maniobras continuistas de Alfonso XIII. Fue muy significativa, en este sentido, la creación de la «Agrupación al Servicio de la República», alentada por Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala.

«República de intelectuales» se definió, en ocasiones, a la IIª República española, tanto por el papel que jugaron los escritores, artistas, profesores y maestros en su proclamación como por su compromiso con el nuevo régimen. Un compromiso que infinidad de ellos pagaron con la vida o el exilio y tanto en un bando como en el otro. Los hunos y los hotros, según D Miguel

[2] el abogado fue Melquiades Álvarez

El viernes 6 de mayo la conferencia versó sobre ”Las Enfermedades de Unamuno” impartida por Francisco Blanco prieto, Presidente de la Asociación de Amigos de Unamuno.
Para poder conocer las enfermedades de Unamuno, nuestro conferenciante nos dice que  buceando en el epistolario es como se ha podido llegar a ciertas conclusiones, así como en sus artículos.
Piensa D. Miguel que “la enfermedad está en la condición del ser humano y que la causa de la enfermedad es la propia vida”.
Dirá también que “un hombre perfectamente sano no sería hombre, porque el hombre es un animal sustancialmente enfermo”.
La obsesión por la muerte es una constante en Unamuno y más que a la muerte, el horror a la nada, a la desaparición definitiva: “Todos vamos a irnos a la nada, porque todos estamos condenados a muerte.”
“Me atormenta la nada más allá de la tumba”. Su verdadera tortura es la aniquilación total.
Dentro de la Patografía unamuniana, la  disertación de Blanco Prieto versa en torno a dos ámbitos, el Psíquico y el Fisiológico.
En el ámbito fisiológico afirma que Unamuno no padeció enfermedades  crónicas graves, se puede decir que tuvo muy buena salud a pesar de haber tenido algunos achaques como: molestias gástricas, hemorroides, miopía, vértigos, lumbago, insomnio, etc.
Él mismo afirmó en una ocasión: ”tengo una salud de hierro vizcaíno”.
Era senderista, no fumaba, no bebía no usaba abrigo, dormía con la ventana abierta y no faltó nunca a clase.
En el ámbito Psíquico, Unamuno padeció angustia vital, niveles de angustia que no podía controlar acrecentada por la muerte de su hijo Raimundín y que le llevó a padecer su primera crisis existencial. Obsesión por la muerte, el horror a la nada. También estaba aquejado D. Miguel por la denominada enfermedad de Flaubert , definido como ataque de antropofobia, Ver la tontería humana y no poder soportarla, sufría con la mediocridad que le rodeaba. La tontería es una enfermedad moral. En este ámbito también se incluye la hipocondría, o mal imaginario.

Fotografías: Elena Díaz Santana

Esto es lo que en líneas generales dieron de sí estas jornadas, que como siempre nos ayudan a conocer mejor a Unamuno, intelectual del que queremos saber más y mejor. Gracias a quienes lo hicieron posible.

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