El sentimiento trágico y la incertidumbre como consuelo

El sentimiento trágico y la incertidumbre como consuelo

El sentimiento trágico de la de la vida en los hombres y en los pueblos, es probablemente la obra decisiva en la filosofía europea del siglo XX. No tiene nada que envidiar a las obras de los existencialistas, de Heidegger, Sartre o de cualquiera de los grandes que aparecen en las historias de la filosofía, mientras que a Unamuno se le suele relegar mucho más a la literatura. 

Yo creo que el Sentimiento trágico de la vida es un ensayo a la altura de cualquier obra europea del siglo XX. Mi pretensión es simplemente hacer una reflexión sobre uno de los temas menos estudiados y que se refiere al concepto de incertidumbre.  

Esta obra de Unamuno es, sin duda, una obra de encrucijada, lo pienso así porque en ella se percibe una recepción muy personal de la filosofía del siglo XIX en la que Unamuno muestra su preferencia por algunos autores que han dejado su intransferible personalidad en su obra, como Henri-Louis Bergson, William James o Søren Kierkegaard, sobre todo este el filósofo danés Kierkegaard, a quien él llama su «hermano del alma» y, a la vez, es una obra que abre caminos inexplorados a la filosofía del siglo XX. No es fácil su lectura, es complicada, tiene una terminología técnica a veces un poco criptica, pero es una obra que recoge lo principal del siglo XIX en filosofía y abre el camino al existencialismo. 

Itinerario biográfico de Unamuno

Itinerario biográfico de Unamuno

Nadie puede sustraerse de vincular a Miguel de Unamuno con la literatura, el pensamiento, la docencia, la gestión universitaria, la política y la vida familiar, como aspectos más significativos de su historia personal.

Recordamos esta tarde aspectos de tan noble caballero, proclamando que su vida fue de lucha permanente en defensa de la verdad y la justicia, para hacer del romántico quijotismo norma de conducta, y despertar las conciencias de oyentes y lectores. Moral de quien fue quijotista –no cervantista– nacido lejos de La Mancha y asentado en la conventual Salamanca, claustro y celda del catedrático andante, que tuvo como lema “primero la verdad que la paz”.

Su infancia, juventud, estudios, boda, oposiciones, llegada a Salamanca, polémicas locales, docencia, rectorado, problemas de las Facultades Libres, los tristes sucesos de abril de 1903, los sucesivos nombramientos y ceses, el homenaje nacional con motivo de su jubilación y los episodios finales de su vida…

¡Unamuno, ese gran desconocido! Como el mismo diría:

“Solo le diré que apenas me reconozco en la imagen que de mí se hacen los que mejor me quieren y más me leyendizan”. (Carta a Giménez Caballero en marzo de 1927).

“No puedo romper la leyenda que han tejido alrededor de mí. Estoy encapullado, indefenso en ella; y mis historiadores contarán mi vida como el mundo la ha visto, no como la he vivido”. (Copia autógrafa de la escritora María Jorkasch en mayo de 1936).

Dios y el destino del alma en Miguel de Unamuno

Dios y el destino del alma en Miguel de Unamuno

Nos decía Unamuno en «Mi confesión”“Me resisto a creer a los que aseguran que nunca, ni en un parpadeo, el más fugaz, ni en las horas de mayor soledad y silencio íntimos, se les ha aflorado a la conciencia ese rumor de la incertidumbre. No comprendo a los hombres que me dicen que no les ha preocupado nunca el allende, la muerte, ni el anonadamiento propio les inquieta. Paréceme que padecen algo así como estupidez espiritual o mejor dicho, religiosa, y quisiera poder meter inquietud en todas esas pobres almas sonámbulas. Quieren razonar y su fe debe resistírseles, como la razón resiste a la fe y yo no quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón. Lo que quiero, que se peleen y se nieguen recíprocamente, pues su combate es mi vida”.  

Hablaremos hoy de las ideas del filósofo, Será una charla en tres partes: La epistemología, la teoría del conocimiento. A Unamuno le preocupan Dios y el alma y, desde su punto de vista, ni Dios se puede conocer ni el alma se pueda conocer. Luego Unamuno discute todos los argumentos que se han dado a lo largo de la historia acerca de la existencia de Dios y/o de la inmortalidad del alma. Finalmente Unamuno reconstruye un proceso alternativo a Dios y la inmortalidad… 

«El hambre y el amor son los dos resortes básicos que mueven la vida…» (Tumba de don Quijote). Del hambre surge todo el mundo objetivo que nos rodea, del instinto, del ansia de perpetuación surge un mundo “ideal”, no objetivo, pero real, el mundo del espíritu, de lo religioso, son conocimientos subjetivos, pero no por ello menos reales ni menos importantes. 

Unamuno ante el Derecho y la Justicia

Unamuno ante el Derecho y la Justicia

Unamuno nunca tuvo buen concepto de la Justicia ni de la abogacía, (y la compara con la teología), recordemos uno de sus monodiálogos  entre un político y el escritor cuando se le pregunta: ¿Qué rencor le profesas a la abogacía? Y responde el escritor, “y eso que aún no tuve pleitos, pero la aborrezco por destructora, toma a sueldo las ideas y se puede jugar con ellas, pero no alquilarlas, no tomarlas de pretexto, complacerse en las ideas y que se juegue con ellas y se enfrenten, etc. Un abogado es el que va a tiro hecho a mostrar algo a buscar una solución. El teólogo es un abogado de la religión”. 

Unamuno, con 22 años escribía en “El Derecho y la Fuerza”: “La libertad es la conciencia de la ley, la libertad anida, está ahí en las entrañas de la ley, o tiene que estar ahí en las entrañas de la ley, porque a la ley le corresponde proteger la libertad del hombre”.  

El Unamuno adulto dice en una carta que el que escribe a Ganivet: “Cuando se dirija a usted a mí, amigo Ganivet, puede decir del Derecho cuántas perrerías se le antojen, porque lo aborrezco con toda mi alma, derecho y deber, estas dos categorías con que tanto nos llenan los oídos, son dos categorías paganas lo cristiano es gracia y sacrificio no derechos y deberes”. 

El “Derecho Cristiano” molestaba sobremanera a Unamuno: “No hay nada más lejos de un Código Jurídico, de un Código de Derecho, que un Código Cristiano. Son dos mundos, dos concepciones absolutamente diversas”. Él echa la culpa de eso, por un lado, a San Pablo y, por otro, al Derecho Romano, que irrumpió en las doctrinas del cristianismo, sobre todo cuando introduce en la concepción de la propiedad su derecho de usar y abusar. Esto le repugnaba, ya que esto de cristiano no tiene nada sobre todo cuando decía él que los cristianos primitivos eran comunistas. 

Los casos de Unamuno: El caso Boada

Los casos de Unamuno: El caso Boada

Que Unamuno fue el intelectual español más comprometido con la sociedad y su tiempo está fuera de toda discusión. Se trata de un compromiso con la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión; con la lucha contra toda forma de autoritarismo y abuso de poder; un compromiso también con el pacifismo, con la justicia y la igualdad y, también, compromiso con la clase obrera y campesina y, por supuesto, con el mundo rural y la cuestión agraria. 

Para mí, desde luego, no hay duda de que Unamuno es el mejor ejemplo de lo que debería ser un intelectual comprometido, suponiendo que queden intelectuales comprometidos y sin comprometer…, ese tipo de intelectual que tanta falta nos hace ahora. Desde hace algún tiempo estamos huérfanos de intelectuales comprometidos y así nos va. El compromiso de Unamuno es algo que permea y atraviesa toda su vida y su obra, ya sabemos que, además, en el caso de Unamuno es muy difícil separar vida de obra, él volcó toda su vida en su obra. 

 Yo vengo aquí a hablar como escritor, como novelista y, si acaso, también como lector que es sobre todo lo que soy. Lector de Unamuno desde mi adolescencia cuando en Zamora, donde yo nací, me crie y estudié el bachillerato tuve la suerte de tropezarme con Agustín García Calvo, el gran intelectual, otro de los grandes, otro de los comprometidos, que nos leía a unos mozalbetes que andábamos por ahí  fragmentos de la obra de Unamuno especialmente de sus ensayos y eso fue lo que me contagio a mí el interés por Unamuno. 

En el otoño de 1905, cuando Unamuno era rector de la Universidad de Salamanca, Boada que, como saben la mayoría, supongo, es un pequeño pueblo de la provincia de Salamanca, en aquella época tenía unos 1.000 habitantes, ahora apenas llega a los 300. Se trata pues de un buen ejemplo de eso que ahora llaman la “España vaciada” y que yo llamaría más bien la “España desahuciada” un desahucio que comenzó no ahora sino a finales del siglo XIX, se continuó en las primeras décadas del XX y que se ha acelerado y agravado en los últimos tiempos. 

El viernes 8 de diciembre de 1905 apareció en la primera plana del periódico La Correspondencia de España un artículo, muy crítico y duro, firmado nada menos que por Ramiro de Maeztu, compañero de generación de Unamuno e incluso amigo y paisano de don Miguel, aunque a veces tenían sus disputas y sus discrepancias, que se titulaba “Un pueblo entero que se traslada” y la noticia en él comentada tenía que ver con Boada. Los vecinos de este municipio salmantino habían enviado dos meses antes una carta al presidente de la República Argentina, Manuel de la Quintana, manifestándole su deseo de emigrar todos, todo el pueblo sin excepción, a ese país dado que en su tierra no tenían forma de ganarse el pan ni futuro alguno y para ello solicitaban que se les facilitara de algún modo el pasaje. 

La situación del pueblo, ya no buena de por sí, había empeorado mucho cuando el gobierno tomó la decisión de vender a través de una subasta pública los bienes comunales del municipio, a pesar de las protestas y las reclamaciones puestas desde el ayuntamiento. El gobierno actuó fuera de la ley permitiendo la venta de esos bienes comunales que eran del pueblo y nada más que del pueblo y éste se quedó pues sin tales recursos que eran ya el último recurso para muchos habitantes, de donde sacaban algo para ir subsistiendo. También el pueblo se quedó sin la parte del dinero que le correspondía por la venta ya que le correspondía nada menos que el 80% de la de la ganancia con la venta. El estado se lo quedó porque necesitaba hacer caja con urgencia para cubrir los gastos originados por la guerra de Cuba. El comprador, por su parte, había convertido de inmediato los bienes comunales en pastos para la crianza del ganado y en un gran coto de caza. Esto era muy habitual, tierras de cultivo que se convierten en grandes dehesas o en cotos. Lo que hizo que la mayor parte de los vecinos de Boada no tuviera ya tierras que poder arrendar, cultivar o de las cuales beneficiarse de algún modo. 

Unamuno tomó partido e, inmediatamente, se trasladó a Boada para enterarse, de primera mano, de la situación.