Amigos canarios de Unamuno

 

Amigos canarios de Unamuno

En el primer viaje a Canarias, en 1910, don Miguel contó con la ayuda y la estima de varios amigos en los que dejó, y le dejaron, una huella indeleble. En 1924, durante su destierro, contó también con una serie de amigos que le hicieron mas llevadera su estancia en las islas.

Ambos viajes tienen elementos en común y diferencias que trataremos de identificar a lo largo de la exposición. La primera gran diferencia son los motivos que le llevaron en ambas ocasiones a visitar las islas. El primer viaje fue del 23 de junio al 19 de julio de 1910; se trataba de un viaje de placer a un lugar desconocido donde más que imponer sus ideas iría a aprender, según él mismo comentó en más de una ocasión. En el segundo le llevaron, forzado, a Fuerteventura en 1924, desde 11 de marzo al 9 de julio.

Allí se encontró amigos con los que mantuvo una relación epistolar durante años (a excepción de Domingo Doreste, “Fray Lesco”, que fue alumno de Unamuno en Salamanca y con quien ya mantenía una relación antes de viajar por primera vez a Canarias. Se conservan 33 cartas cruzadas entre ellos).

Luis Millares Cubas, medico, escritor y director teatral, mantuvo una amistad con don Miguel tras su paso por Gran Canaria.

Alonso Quesada, tuvo una huella profunda de su relación con Unamuno y trató de seguir los consejos del “maestro”, quien se refirió a él como “el gran sufridor del a-isla-miento”. Envió a Unamuno sus libros: “El lino de los sueños” (con prólogo de Unamuno) y “La umbría”.

Manuel Macias Casanova fue otros de los amigos, que falleció, trágicamente, poco después de que Unamuno dejara Las Palmas.

Ramón Catañeyra, Victor San Martín (cura párroco de Puerto de Cabras) y otros muchos de los que se llevó un profundo agradecimiento y cariño de por vida.

Miguel de Unamuno y Luigi Pirandello: vidas y obras paralelas

Miguel de Unamuno y Luigi Pirandello: vidas y obras paralelas.

Luigi Pirandello (Agrigento, 28 de junio de 1867 – Roma, 10 de diciembre de 1936) y Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864 – Salamanca, 31 de diciembre de 1936), no sólo fueron coetáneos, sino que desarrollaron obras e ideas bastante parecidas.

Existen múltiples concordancias entre ambos ya desde la propia etapa de formación de los escritores, ambos realizan estudios lingüísticos y realizan “tesis” sobre sus lenguas maternas. Ambos comienzan a escribir desde muy jóvenes y publican obras muy importantes desde sus comienzos.

La familia Pirandello se trasladó a Palermo en 1880. Fue aquí donde Luigi terminó el liceo y comenzó con la lectura de poesía italiana del siglo XIX, especialmente de escritores como Giosuè Carducci y Graf. Durante este período comienzan los primeros signos de desavenencias que lo separarían de su padre, cuando Luigi encontró cierta correspondencia que insinuaba la existencia de una relación extramarital por parte de su padre Stefano. El joven Pirandello empezó a acercarse emocionalmente a su madre, relación que se transformaría en una verdadera veneración que tendría su punto cumbre, tras la muerte de Caterina, en las páginas de la novela Colloqui con i personaggi de 1915. En 1894 contrae matrimonio con María Antonietta Portulano y debe dedicarse a la atención de los negocios de la familia. Ese mismo año publicó su primer libro de relatos: Amores sin amor.

Su obra: Sei personaggi in cerca d’autore (Seis personajes en busca de autor), 1921, tiene una enorme repercusión en España, se le dedican muchos artículos y representaciones, el autor viene a Barcelona, viene a Madrid y se le empieza a tratar como a uno de los grandes escritores.

Son muchos los autores que han escrito sobre las relativas coincidencias de inspiración entre Unamuno y Pirandello, tanto en España como en Italia.

Personalmente se encontraron en, al menos, dos ocasiones: en París en un congreso de escritores y la otra, en 1935, en Portugal en la celebración del aniversario de la fundación de Lisboa.

Unamuno y Zambrano, raíces filosóficas comunes

Unamuno y Zambrano, raíces filosóficas comunes.

 

María Zambrano (1904-1991),  pertenece a la primera generación del siglo XX. Una generación marcada por el exilio y por la quiebra que supuso la Guerra Civil.

Miguel de Unamuno, (1864-1936), vivió su fe en la familia, con su madre, con sus tías… En su juventud, estuvo muy cerca del «positivismo» pero tras pasar por una crisis espiritual y existencial, en 1897, se va acercando a la metafísica en sus tres vertientes: el sentido del universo, el destino del ser humano y la incógnita de dios. Comienza en estos años Unamuno a hablar de la «intuición cordial». Si la razón no posibilita llegar a comprender estos temas existe la fe que es más que la razón. Está ahora mas cercano al «corazón».

María Zambrano estudia en la Universidad Central de Madrid, es,  por tanto, discípula de Ortega (maestro indiscutible) pero, además, pertenece a la «Escuela de Madrid» donde están Besteiro, Zubiri, García Morente… Ella se siente discípula de Ortega pero se siente muy cerca del «institucionismo» sobre todo de don Manuel Bartolomé Cossío donde ella, con otros autores jóvenes, que formarán la «generación del 27», acuden a las misiones pedagógicas y demás. Pero también se siente discípula de sus padres: Blas Zambrano y Araceli Alarcón.

Ella misma dice: «Leí muy temprano los ensayos de 1900 de Miguel de Unamuno»:  (Adentro, La ideocracia y La fe).

Los maestros indiscutibles de María Zambrano son Unamuno y Machado. Recordemos una cita sobre Unamuno : «Y así no es nada extraño que años después, lejana de aquella vida (ya está en el exilio), en el dintel de una nueva que comenzaba par mí sintiera que aquel su pensamiento se me transformaba en sustancia ética lo cual es una de las manifestaciones del verdadero pensamiento».

Apoyo gallego a Unamuno cuando fue desterrado a Fuerteventura

Apoyo gallego a Unamuno cuando fue desterrado a Fuerteventura.

En defensa de sus ideas, Unamuno resalta que son las personas “quienes hacen las cosas y las llevan”. Por lo tanto, creemos de justicia reivindicar a quienes se pusieron del lado del vicerrector de la Universidad de Salamanca y decano de su Facultad de Filosofía y Letras cuando, suspendido de empleo y sueldo, partió deportado desde la estación de ferrocarril de Salamanca a Fuerteventura el 21 de febrero de 1924. Más en particular, algunos ciudadanos gallegos por origen o por nación a los que luego me referiré.

Conocida la real orden de destierro de Unamuno del miércoles 20 de febrero de 1924, los amigos del intelectual bilbaíno temen por su seguridad y planean para él una fuga a Portugal, como cuenta su biógrafo salmantino, el periodista Emilio Salcedo -seudónimo usado por Emilio Sánchez Arteaga-. El catedrático proscrito rechaza la sugerencia, presintiendo que su confinamiento en Fuerteventura puede convertirse en un “boomerang” contra la Dictadura, como finalmente ocurrió.

Al abandonar Salamanca el jueves 21 de febrero de 1924, Unamuno inicia un pequeño diario titulado “Mi destierro, por si registran mis papeles” -tres folios doblados en octavilla- que recoge la actividad docente de esa misma fecha: “Doy mi última clase griego a dos señoritas. Se llena aula. Huelga estudiantes. Mi busto en nieve. Despedida en la estación”.

El dietario manuscrito de Unamuno antes comentado precisa: “Llegada a Madrid con tres horas de retraso; ateneístas. Al Imperial donde confinado”. Un estudiante coruñés llamado Emilio González López, alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad Central y cofundador de la FUE-Federación Universitaria Escolar- amplía esa referencia en su obra “El espíritu universitario”, aparecida en 1931. “En la estación nos encontramos a D. Gregorio Marañón, Ossorio Gallardo y Salvador Vila -subraya-. Partido el tren, afirma que “la policía nos detuvo a todos … Unamuno apenas desliza siete palabras en su diario-almanaque sobre la despedida de Madrid: “Salida a Cádiz; Ossorio, Madinaveitia, Goyanes, Cordero…»

En la «isla acamellada» canaria sobresalía entonces una familia de origen gallego apellidada Castañeyra. Ellos fueron los «anfitriones» principales de Unamuno durante su destierro.

Unamuno publicista

Unamuno publicista.

Unamuno escribió unos 4.800 artículos de prensa, 167 de los cuales fueron publicados en 23 periódicos de la prensa salmantina, de los 90 diarios que hubo en la ciudad entre 1891 y 1936. Consideraba Unamuno la actividad periodística un elemento de concienciación moral, política y social, deber ineludible de todo universitario, como declaró en 1905: “Es preciso que el catedrático sea publicista, porque la prensa es un campo de extensión universitaria, la verdadera Universidad Popular”. Durante aquellos años los medios más importantes en Salamanca eran: La Libertad, El Adelanto, La Información, El Fomento, La Tesis, La Región, El Criterio, La Democracia y La Semana Católica. Pero donde Unamuno desarrolló fundamentalmente su actividad periodística fue en El Adelanto en el que publicó 57 artículos de muy variada temática.

El Mercantil Valenciano fue un periódico que tuvo su principal influencia en el periodo de la Gran Guerra porque estuvo al lado de los “Aliadófilos” y tuvo especial interés en contratar los servicios de Unamuno. Le pagaba 75 pesetas por artículo (Cuando el sueldo anual de un maestro oscilaba entre las 500 y 600 pesetas anuales). Publicó bastantes artículos contra la monarquía, aliada de los “Germanófilos”, lo que le originó graves problemas. Fue procesado por tres artículos: “El archiducado de España”, “Irresponsabilidades” y “La soledad del Rey”. Absuelto por “La soledad del Rey”, se le condenó a ocho años y un día de Prisión Mayor y multa de 500 pesetas por cada uno de los otros dos, con cargo de “costas y gastos”. Unamuno se opuso al indulto ofrecido y, finalmente, la dictadura de Primo de Rivera le desterró a Fuerteventura.

El diario bonaerense La Nación, fundado en 1870 por Bartolomé Mitre (Futuro presidente de la nación). Fue clausurado cuatro veces por diversos motivos políticos. Contó el diario a lo largo de sus años con importantísimos columnistas, entre ellos Unamuno (que cobraba 120 pesetas por artículo). Fue el propio Unamuno el primer recopilador de sus artículos, que los incluyó en varios de sus libros.

Por su parte, La España Moderna, supuso un hito importante en la vida y obra de Unamuno, apoyado en la profunda amistad y confianza de su propietario y editor Lázaro Galdiano. Aquí colaboró Unamuno como escritor, traductor, etc.

Unamuno celebrity: entre prestigio y popularidad

Unamuno celebrity: entre prestigio y popularidad.

Unamuno ha sido muy trabajado como intelectual. Lo ha sido menos como “santo cultural”, paradigma que aparece en la Universidad entre Islandia y Eslovenia y, entre ambos, aparecen los “celebrity”, una consideración muy desarrollada en el mundo anglosajón y que, poco a poco, va calando hacia el resto del mundo.

Los intelectuales son aquellos “obreros”, que en vez de trabajar con cosas materiales lo hacen con ideas.

A la altura de 1930, a su regreso del exilio, Unamuno aparece ya como un “planeta solitario” dentro del ambiente intelectual español, realmente no es comparable ni equiparable al resto de autores de su generación.

La idea de “santo cultural” viene de la teoría de que hay ciertos escritores e intelectuales que se convierte en una especie de “santos de comunidades nacionales”, que sufre procesos muy parecidos a lo que pudo haber sido la religión, con postuladores y canonizadores. Tras la muerte del autor aparecen una serie de rituales que rememoran y celebran efemérides y hechos clave del mismo.

La “celebridad” es una intersección entre el intelectual y el santo cultural. Hay todo un paradigma de estudio sobre ello donde aparecen: Rousseau, Byron, Victor Hugo, etc., que fueron auténticas celebridades en su tiempo. Hacia ahí se encaminó don Miguel.

Joan Fuster afirmaba que: “Miguel de Unamuno es algo así como la Conchita Bautista de la cultura… Unamuno y Conchita Bautista tienen la ovación asegurada”. (celebridades, sin duda).