José María Quiroga Pla, el querido yerno de Unamuno.

José María Quiroga Pla, el querido yerno de Unamuno.

Don José María Quiroga Ruiz, médico y bisnieto de Unamuno, nos hace un recorrido por la vida y obra de su abuelo José Mª Quiroga Pla.

José María Quiroga Plá nació en Madrid  en 1902, con ascendencia gallega por parte de padre y valenciana por parte de madre. Sus inicios como poeta se ligan al ultraísmo. Colaboró en las revistas: Carmen, Verso y Prosa, Meseta, Los Cuatro Vientos, Litoral, Mediodía y Héroe. Estuvo vinculado a los autores de la Generación del 27 pero no fue incluido en la Antología de la Generación del 27 preparada por Gerardo Diego porque no tenía publicado ningún volumen individualmente aunque colaboró en el número especial de la revista Litoral con motivo del homenaje a Luis de Góngora. Fue íntimo amigo de Pedro Salinas y junto a él participó en el proyecto de la traducción de «El tiempo perdido» de Marcel Proust.

Con 26 años contrajo matrimonio con Salomé Unamuno, hija de Miguel de Unamuno, del que fue secretario al egreso del exilio en 1930. De esta unión nació Miguel Quiroga Unamuno.

Durante la Segunda República Española desempeñó diversos cargos. En 1939 se vio obligado a marchar al exilio a Suiza.

Su obra poética aparece recogida en los volúmenes Morir al día (1946) y La realidad reflejada (1955). Otro libro, Valses de la memoria, que dejó preparado antes de su muerte y que debía llegar a Méjico, a Max Aub, para su publicación, nunca llegó a su destino y permanece inédito por tanto.

Tertulia Unamuniana: Unamuno y Bilbao

Unamuno y Bilbao.

Vasco “por todos los sesenta y ocho costados -según dijo él mismo- , de casta, de nacimiento, de educación y, sobre todo, de voluntad y afecto».

De mi Vizcaya, de mí Bilbao, la simiente; de mi Castilla, de mi Salamanca, el fruto

Además de escritor genial, Unamuno fue catedrático, rector, crítico, filósofo, dibujante, filólogo, políglota, matemático, traductor, naturalista… y según su paisano Baroja vidente y profeta. Baroja no sentía ninguna simpatía por Unamuno y afirmaba de él, que era en todo intransigente, la quintaesencia del egotismo; era español; no había nada como España; vasco, nada como ser vasco; de Bilbao, lo más curioso del mundo era ser de Bilbao; vivía en Salamanca, no había ciudad como Salamanca.

Pero no solo había nacido a la vida en Bilbao, sino que fue en Bilbao donde se forjó su espíritu (lo dice en1919)

En aquel Bilbao del 2 de mayo de 1874; en aquel Bilbao que había salido de las machinadas y no había entrado en las huelgas; en aquel Bilbao aprendí a anhelar lo inasequible, a tener sed y hambre de lo infinito y de lo eterno; en aquel Bilbao prometí culto a la libertad, a la claridad y a la pureza del espíritu. El Pazagarri me sirvió de ara gigante del sacrificio del alma civil de la historia que jamás se cierra y siempre está acabada”.

Homero paseando con Unamuno

Homero paseando con Unamuno.

La Asociación Cultural Poético-Musical «Homero» nos ha ofrecido el recital poético musical: «Homero paseando con Unamuno».

Emocionante recital de poemas, propios y adaptados, recitados, cantados e interpretados magistralmente. Todos con un trasfondo común: don Miguel de Unamuno, su vida, su poesía, sus sentimientos y su ideología.

Unamuno y Maragall

Unamuno y Maragall.

Luciano de Dios Villanueva, Vocal de Relaciones Locales de la Asociación, nos rememora la amistad y colaboración entre Unamuno y Joan Maragall.

Unamuno y Joan Maragall estuvieron unidos durante años «por la poesía». Solo se encontraron personalmente en una ocasión en 1906 a raíz de que Unamuno se desplazase a Barcelona para impartir unas conferencias, pero cultivaron una intensa relación y profunda amistad a través de sus cartas. Tras conocerse, enseguida circuló entre ellos una cálida corriente amistosa que se alimentó de sensibilidad, de espiritualidad y del ascua y la llama del amor a la patria común.

Maragall, considerado uno de los padres de la poesía catalana modernista, defensor de la espontaneidad y de la búsqueda de la simplicidad, que llegó a desarrollar en su teoría de «la palabra viva», con la que creó escuela. Hizo de su obra poética su vertiente literaria más conocida aunque también destaca su producción en prosa con más de cuatrocientos textos entre artículos, ensayos, discurso, biografías y prólogos. Trabajó también como periodista en el Diario de Barcelona y la Voz de Cataluña.

A pesar de la distancia física, Maragall se ofreció sin dudar a recoger en su casa a Fernando, el hijo mayor de Unamuno, cuando esté decidió estudiar arquitectura, sin tener en cuente que él ya contaba con trece hijos…

Joan Maragall falleció en 1911 (con 51 años), y Unamuno mostró en sus escritos la profunda tristeza y hondo pesar que sintió ante la falta de su amigo.

Tertulia Unamuniana: El caso Ferrer

El caso Ferrer.

Francisco Ferrer Guardia, nació en1859, provenía de Alella, un pequeño municipio de Barcelona. Descendía de una familia de campesinos de clase media, con un fuerte sentimiento católico. No acudió a la escuela por primera vez hasta los 12 años. Es entonces, tras acabar su formación básica, cuando marchó a Barcelona y trabajó en el ferrocarril.

Republicano convencido, Ferrer Guardia se exilió a París tras el fracaso de golpe de estado de Ruíz Zorrilla en 1886. Allí dio clases de castellano a adultos y continuo su formación política de forma autodidacta. Ideólogo de una enseñanza racionalista, fundó La Escuela Moderna, achacaba a los dogmatismos católicos como una de las lacras de la sociedad española. Renegaba de ellos y aspiraba a que, mediante la luz de la razón, los niños conocieran su mundo de una forma crítica con respecto al mundo.

Ferrer Guardia fue víctima de la represión, derivada de un atentado en el Madrid de 1906, al paso de la carroza de Alfonso XIII, el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba desde la ventana de su pensión a la carroza del monarca. Fallecieron casi treinta personas, si bien los reyes no sufrieron daños. Por este acto fueron condenados a prisión un gran número de militantes anarquistas, entre ellos, el propio Mateo Morral, quien cometió el delito y que había hecho de bibliotecario en la Escuela Moderna. La antigua vinculación con Mateo Morral hizo de Ferrer un chivo expiatorio. Fue ejecutado, también, ese mismo año y su muerte levantó ampollas en los círculos intelectuales,

Unamuno, el inconformista por excelencia -alejadísimo de cuanto Maura significaba- se sublevó contra la mitificación de Ferrer. Su desahogo epistolar con Jiménez Illundain es de una contundencia extrema: “Se fusiló con perfecta justicia al mamarracho de Ferrer, mezcla de loco, tonto y criminal cobarde”. Sí, es verdad que Unamuno condenó a Ferrer en los términos expresados, pero no es menos cierto que supo rectificar, aunque fueran transcurridos ocho años de aquellos sucesos. En un artículo titulado Confesión de culpa, publicado el 7 de diciembre de 1917 en el periódico el Día, de Madrid, reconoce su error en los siguientes términos: Mis lectores me permitirán que descargue mi conciencia de una culpa que sobre ella pesa hace ya ocho años”. (Obras completas tomo X).